12/04/2015

La reconquista del patio trasero: EEUU refuerza bases militares en América Latina

marines_mexico.jpg Los anuncios de los gobiernos de Perú y Paraguay, sobre la instalación de nuevas bases militares de EEUU, o de incorporaciones de marines a centros de defensa ya establecidos, en sus territorios nacionales, sacudió el tablero geopolítico y en la región se encendieron las alarmas antiimperialistas, sobre todo teniendo en cuenta los recientes intentos desestabilizadores y los planes conspirativos en Venezuela contra el gobierno de Maduro, impulsados por el gobierno yanqui.
Por ANRed.


Algunos discursos más optimistas ya hablaban de la retirada norteamericana de los territorios de América Latina, inspirados por el afianzamiento de las relaciones multilaterales de los gobiernos de Suramérica, con democracias consolidadas 30 años después del paso del Cóndor por el cono sur y las contrarrevoluciones de la CIA en Centroamérica.

Teoría, que se reforzaba con los datos de las crisis económicas que golpearon a los EEUU en los últimos tiempos (como la explosión de la burbuja en 2008), bajaron algunos puntos su influencia política a escala mundial, situación que se acrecentó con la aparición ““proceso paralelo- de nuevos bloques geopolíticos que le disputaron abiertamente ese lugar de referente dominante, como la unión político-comercial de los gigantes Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) o la consolidación de grandes capitalistas globales (sobre todo los europeos, asiáticos y árabes), que marcaron fuerte su presencia en la bolsa, a pesar del clima recesivo o de detención del crecimiento que se gestaba ininterrumpidamente desde finales de los “™90.

Esto avivó a los estado de toda América Latina una oportunidad para reorganizarse y encontrarse en nuevos lazos diplomáticos que, aunque no pasaron -en muchos casos- de lo discursivo y mínimos compromisos comerciales multilaterales, mostró a las claras el retroceso efectivo de la influencia norteamericana en la región. También se desarrollaron otras experiencias que mostraron otros tipos de acuerdos estratégicos más profundos, como el caso del ALBA.

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No podemos decir que EEUU retiró sus ojos definitivamente de las tierras latinoamericanas, la continuidad de sus buenas relaciones con Chile, Perú, Colombia y Paraguay, son prueba de ello. De hecho, el reciente Acuerdo del Pacífico integrado por estos tres primeros y EEUU, ratifican la idea de un volver al primer amor, pasados ya 30 años de los procesos civiles-eclesiásticos-militares que desataron las dictaduras genocidas en el Cono Sur e instalaron el programa neoliberal de la mano de torturas, desaparecidos y toda clase de violación a los derechos humanos; y como respuesta a los más interesantes procesos revolucionaros locales que se lucieron en la lucha armada y política, contra el imperialismo del norte.

Pareciera ser que las nuevas políticas diplomático-militares de EEUU para la región, consisten en afianzar su presencia militar en una serie de países, que le permite a grandes rasgos trazar una línea ininterrumpida de marines desde la Casa Blanca hasta Paraguay.

Esto tiene que ver con una serie de anuncios de los jefes militares yanquis que presentaban esta remilitarización como un esfuerzo que estaba dispuesto a hacer el país de la democracia, en la lucha regional contra guerrillas, el crimen organizado y el narcotráfico.

Marines en el Pacífico peruano

Caso de esto es Perú, donde el flamante presidente de la derecha peruana, Ollanta Humala, presentó el nuevo acuerdo del ejército nacional y los marines, que desembarcarán en las costas incaicas un total de 3.200 efectivos del ejército norteamericano.

Según informaron desde la prensa del Ministerio de Defensa peruano, la operación cuenta con la aprobación del Congreso norteamericano. Declaraciones oficiales dijeron que el aumento “servirá para mejorar en la lucha conjunta con los soldados de la Marina peruana contra los insurgentes y narcotraficantes”.

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Es que Washington incrementará el contingente militar en Perú de 125 a 3. 200 soldados, cosa está prevista se concrete, el 1 de septiembre.

Según el investigador principal del Instituto del Perú, Miguel Santillana, la iniciativa de EE.UU. se fundamenta en su interés por conservar su presencia militar en Sudamérica, a expensas del pueblo peruano.

“Los norteamericanos tienen una presencia en Perú como en cualquier país de América Latina porque sienten que somos su zona de influencia. Ellos se sienten con el derecho de tener presencia oficial y no oficial en nuestro territorio”, dijo Santillana en diálogo con el portal de noticias ruso RT.

Este refuerzo del contingente de marines en tierras incaicas se suma a las dos bases de Iquitos y Nanay, instalaciones militares ubicadas en la amazonía peruana, que fueron creadas a partir de un acuerdo entre los gobiernos de Perú y EEUU y tienen por objetivo, la lucha contra las guerrillas y el tráfico de drogas. Además, Perú presta el puerto de El Callao para el reabastecimiento de los buques de la IV Flota norteamericana del Pacífico.

Marines en los montes de Paraguay

En el vecino del norte, Paraguay, la situación es similar a la descripta anteriormente. La relación entre el gobierno local del colorado y derechoso, Horacio Manuel Cartes Jara, (quien asumiera luego del golpe de estado silencioso que sustituyó al electo Lugo) y los EEUU, se encarna en nuevas bases militares que prometen seguridad e intervención contra el crimen y la guerrilla en los montes guaraníes.

Es que, según informó el portal Resumen Latinoamericano, Paraguay instalará una base militar en el norte del país.

El objetivo: “devolver la tranquilidad a la población de la zona”, en la que opera el movimiento guerrillero Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), informó el ministro de Defensa paraguayo, Soto Estigarribia.

“No podemos continuar así”, señaló el ministro, agregando que los soldados se dedicarán no solo al control y represión del delito, sino que además llevarán a cabo tareas de desarrollo en varios ámbitos. El funcionario declaró que está prevista la inversión de alrededor de dos millones de dólares en las instalaciones.

Por su parte, el investigador e integrante de los Observadores de la Escuela de las Américas, Pablo Ruiz, sostiene que mediante el establecimiento de bases en América Latina Washington busca apoderarse de los recursos naturales de la región.

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Según el analista, EEUU está presionando a varios países amigos de América Latina como “Colombia, Chile, Perú, Panamá o Paraguay” con el objetivo de “seguir militarizando” la región. “La posición es estratégica porque también está en la frontera con Brasil”, subraya.
Para Ruiz detrás de las bases militares o del espionaje “hay intereses geopolíticos que tienen que ver con tener acceso a los recursos” tales como “el petróleo”, “el agua dulce”, “la biodiversidad” o “los minerales” que “asegura” son esenciales “para seguir manteniendo el imperio de los EEUU”.

Esta se suma a la ya instalada, en el departamento de San Pedro, el “Centro de Operaciones de Emergencias (COE)” unidad organizada bajo las directivas del Gobierno de EEUU.

A estas, además se le suman las históricas instalaciones de Mariscal Estigarribia. Esta base, según informaron en el portal de noticias RT, es negada por completo por el Pentágono y el Departamento del Estado norteamericano.

Pero, la instalación existe desde 2005 dentro de un importante acuerdo militar entre el EEUU y el gobierno paraguayo. Se encuentra a 200 kilómetros de Bolivia y de Argentina, pero el gobierno paraguayo asegura que no se alojan tropas extranjeras allí.

De todas maneras, con una de las reservas acuíferas más importantes del mundo como el Acuífero Guaraní y los conflictos recurrentes que se desataron en el vecino país cordillerano, con los enfrentamientos entre los autonomistas pro imperialistas de la Media Luna boliviana y el gobierno de Evo Morales, son señales para mantenerse alertas al respecto.

También en Honduras

A los antecedentes a esta política de despliegue militarista en las regiones de América Latina y el Caribe, aparece en la lista Honduras. Luego de sufrir un golpe de estado cívico-militar en 2009, el anuncio de la instalación de una base militar norteamericana, estremeció al público hondureño.

Nuevamente la escusa elegida fue justificar la presencia militar, con motivo de la lucha contra la violencia y el narcotráfico en la región. Según informara en su momento el portal digital, Aporrea, EEUU pretendió reforzar su presencia en la región centroamericana con el despliegue de tropas en “la Mosquitia”, Honduras.

Bertha Cáceres, dirigenta del COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras), denunció que tropas militares estadounidenses se desplazan libremente por los ríos ubicados en la región de “la Mosquitia”, en el norte del país.

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Esta región sigue siendo un punto estratégico geopolítico para el imperialismo militar de EEUU ya que la “Mosquitia” está ubicada en el norte del país, entre el Caribe y la frontera con Nicaragua. Tiene límites marítimos con Jamaica, Cuba, Belice y la propia Nicaragua. Allí se ubican cuatro etnias indígenas, que se encuentran amenazadas por la presencia militar norteamericana.

“La injerencia de Estados Unidos en Honduras es descarada”, dijo Cáceres en una entrevista con La Radio del Sur y señaló que “en la “Mosquitia” Washington pretende instalar lo que sería su base militar más grande en Latinoamérica”. Donde, por otro lado, podrían encontrarse grandes yacimientos petroleros.

El gobierno estadounidense invirtió U$S1300 millones, para ubicar sus tropas y utilizar al territorio hondureño como plataforma para agredir a otros países.

Estas bases militares se suman a la que se encuentra en Fuerte Aguayo, en Valparaíso, Chile, que dejó de herencia el derechista Piñera desde 2012, cuando pactó con el secretario de Defensa norteamericano, León Panetta. Según lo informado desde el gobierno a medios locales, en su momento la versión oficial decía que el destacamento militar fue construido para contener las actividades del Centro Conjunto para Operaciones de Paz (Cecopac) y la Iniciativa de Operaciones para la Paz Mundial del Departamento de Estado (GPOI) y fuerzas de la ONU.

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Sin embargo, desde algunos sectores chilenos como organizaciones políticas y medios de comunicación, denunciaron que los Carabineros podrían ser entrenados por soldados norteamericanos en medio de un contexto local, caracterizado por la creciente agitación social: con las marchas estudiantiles por una educación libre, gratuita y de calidad o, los ya clásicos enfrentamientos con las comunidades mapuches, que protestas contra la violencia estatal, la quita de territorios ancestrales y la violación sistemática de derechos por parte de privados o por el mismo sector público.

Instalaciones en el Golfo y mar caribe

Chile cierra el espectro militar de la influencia de EEUU en el Cono Sur. Pero, otra es la historia en Centroamérica y el Caribe, donde las bases proliferan como la violencia.

En zona de las Antillas Holandesa, en las islas de Aruba y Curazao, se encuentran dos Centros de Operaciones de Avanzada y su finalidad pasa por tareas de monitoreo y control del Mar Caribe. Desde Venezuela han reclamado en varias oportunidades al gobierno holandés, por el vuelo de drones que sobrevuelan el espacio aéreo venezolano y que salen de esas islas.

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Otro ejemplo, histórico y conocido mundialmente, es la cárcel de Guantánamo en Cuba, que a pesar de las promesas de clausura de Obama, este centro de detención y tortura de personas sigue funcionando. Lugar que no solamente viola la soberanía nacional cubana sobre su territorio, sino que además es un centro de violación sistemática de los derechos humanos, con personas privadas de su libertad que provienen de todos los puntos del planeta. Allí se mantuvo cautivos a supuestos combatientes islámicos sin acceso a representantes legales y sin garantías jurídicas, mientras el congreso norteamericano, con mayoría republicana sigue negando el tema y la posibilidad de cerrarlo.

A esta cárcel de nefasta fama se suman las bases de Comalapa y Liberia, en El Salvador y Costa Rica, respectivamente. Se tratan en principio en dos instalaciones pequeñas, que tienen a su encargo el control de la costa pacífica Centroamericana (al encontrarse en la triple frontera entre Honduras, El Salvador y Nicaragua), en el caso de la primera, y de monitorear y controlar el Océano Pacífico y del Caribe, en la segunda.

Por último se pueden mencionar los casos paradigmáticos de México y Guatemala, donde no existen bases militares conocidas sobre el territorio de estos países, pero que en base a un proyecto de cooperación en seguridad regional, la llamada Iniciativa Mérida, en la que militares y agentes del FBI, CIA, DEA operan y asesoran a militares mexicanos y guatemaltecos para la lucha contra el narcotráfico.

La reconquista

Por lo que se ve, el ojo del águila sigue pegado a los andares latinoamericanos. Que, pese a la apertura de varios frentes de batalla, por caso la ofensiva intromisión de EEUU en las políticas y conflictos regionales en Medio Oriente, que desde la Operación del Golfo hasta Siria, han garantizado que los ríos de sangre sigan fluyendo al Mar Caspio y Rojo y le han permitido al gigante del norte el control del precio y la distribución del petróleo en el mundo.

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La reconquista de la hegemonía global es el objetivo y la militarización de zonas de influencia, la táctica. En un juego dialéctico entre financiar grupos paramilitares o políticos para generar condiciones de desestabilidad en los países donde luego va a intervenir, hasta bombardear con sus ángeles azules las áreas conflictivas legitimado únicamente por los organismos internacionales que controla, configuran la receta de poder que impulsa a la máxima potencia militar y económica del mundo al sitial de cúspide de la civilización occidental, con sus valores liberales de democracia restringida, prensas cómplices y libertad de mercado y explotación.

Mira con nostalgia a los “™90, de cuando las pantallas lo mostraban como indiscutido líder global, pero golpea con fuerza en pleno siglo XXI para que el sueño americano se vuelva hegemónico en las conciencias y las vidas del tercer mundo. La imagen del águila parece en la fantasía cada noche con más realismo e intensidad, y cual Freddy Krueger, se materializa en tanto más se le teme y se le nombra. Pero, a diferencia del monstruo del cine, no desaparece con sólo olvidarle, y para eso, siempre habrá un grupo de marines cerca que nos lo recordarán.



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