02/09/2014

Otro Septiembre sin López (ni Andrea, ni Julio)

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Pasan los meses, los años”¦ y el cuerpo no aparece”¦ Dos casos diferentes, un juicio, un aniversario. Los dos se apellidan López, tanto Andrea como Julio, los dos desaparecieron en democracia, y en los dos casos la justicia nunca llego a tiempo. En septiembre comenzó el juicio por la desaparición de Andrea López, tras 10 años de búsqueda; y en este mismo mes, se cumple otro aniversario, 8 años, de la desaparición de Jorge Julio López. Por Paula Inchaurraga


Pasan los meses, los años”¦ y el cuerpo no aparece”¦ Dos casos diferentes, un juicio, un aniversario. Los dos se apellidan López, tanto Andrea como Julio, los dos desaparecieron en democracia, y en los dos casos la justicia nunca llego a tiempo.

En septiembre comenzó el juicio por la desaparición de Andrea López, tras 10 años de búsqueda; y en este mismo mes, se cumple otro aniversario, 8 años, de la desaparición de Jorge Julio López.

López, es un apellido normal, común. Ni Andrea, ni Julio se conocían. Ella vivía en Santa Rosa, La Pampa; él en La Plata, Bs As. Sólo tienen en común el apellido, su condición de desaparecidos en democracia, la negligencia de la justicia y el encubrimiento de ciertas áreas policiales. En los dos casos, las fuerzas de seguridad ocultaron y tergiversaron pruebas. Proxenetas y genocidas, resguardados.

Andrea López, fue víctima de la prostitución y la violencia de género, que con un hijo pequeño sobrevivía en un calvario cotidiano en plena democracia; Jorge Julio López, testigo querellante, dos veces desaparecido, sobrevivió al calvario dictatorial de un centro clandestino para condenar a un genocida, y lo volvieron a desaparecer en plena democracia. Ambos López aún continúan desaparecidos.

A ninguno de los dos se los trago la tierra, ellos no eligieron el terror al que fueron sometidos”¦ Andrea sobrevivía por su propio hijo”¦ Julio, sobrevivía para que los hijos de desaparecidos supieran que ocurrió con sus padres en 5 Centros Clandestinos de Detención por donde él paso.

Andrea, el Juicio

Andrea Noemí López fue víctima de Víctor Manuel Purreta, ex boxeador y pareja, quien la sometió a la explotación sexual hasta el momento de su desaparición. El hijo de ambos, incriminó a su padre de la muerte de su madre.

La Cámara en lo Criminal número 1 de La Pampa está juzgando al ex boxeador por el femicidio de su ex pareja, Andrea López, quien se encuentra desaparecida desde 2004 y cuyo cuerpo nunca fue encontrado.

Para elevar la causa por el delito de homicidio simple, fue clave el testimonio del hijo que tuvieron López y Purreta, quien declaró en Cámara Gesell diciendo que la noche de la desaparición, él vio a su padre golpear a su madre.

Es importante no olvidar que, Purreta fue condenado el 15 de junio de 2005 a cinco años de prisión por “facilitación y promoción de la prostitución” de Andrea, y se comprobó que administraba un prostíbulo en la ciudad bonaerense de Pehuajo. En el 2010, Purreta fue condenado, nuevamente, por obligar a otra ex pareja, a mantener relaciones sexuales con desconocidos y por provocarle lesiones cuando estaba embarazada. Pero esto no es todo, él volvió a vincularse a otra mujer y a reincidir por tercera vez. Si no hay justicia y condena acorde al delito, las victimas se siguen multiplicando.

10 años después, llega el juicio por la desaparición de Andrea, se citaran a 45 testigos y se buscará demostrar la alevosía del delito, por la imposibilidad que tenia Andrea de defenderse ante un boxeador”¦ pero 10 años después.

Durante 10 años, a Julia Ferreyra (madre de Andrea) le prohibieron ser querellante en la causa, le escondieron pruebas, le trabaron tramites, le ningunearon su reclamo, pero ella nunca dejo de exigir justicia.

La prostitución es un lento femicidio, donde muere hora tras hora, un pedacito de la mujer que sobrevive tras cada abuso sexual (no hay consentimiento cuando el sexo no esta vinculado al deseo, la prostitución no es un trabajo). El proxeneta, dueño de la vida de quien no decide que hacer con su cuerpo, es quien compra y vende la vida de esa persona, que es obligada. Los prostíbulos, las wiskerías son los centros clandestinos donde siguen detenidas, torturadas y sometidas las mujeres, mas allá de que la ley lo prohíba o que estemos en democracia. Y Purreta se creyó tan dueño, que fue el portador de su vida, su cuerpo y hasta posiblemente, su muerte”¦ primero con la larga agonía de la violencia de género en todas sus formas, hasta decidir desaparecer el cuerpo, de la madre de su hijo.

Jorge Julio López, otro aniversario”¦

En la década del “™70, Jorge Julio López era albañil y militante de la Unidad Básica “Juan Pablo Maestre” de la JP que funcionaba en el barrio de Los Hornos. El 27/10/76 fue secuestrado en su casa por un grupo de tareas al mando de Miguel Etchecolatz. López estuvo detenido desaparecido en varios Centros Clandestinos de Detención: el Destacamento y el Pozo de Arana, la Comisaría 5ta, la Comisaría 8va y la Unidad 9. Fue legalizado como preso político en el “™77 y recuperó su libertad en junio del “˜79.

En el 2006 Jorge Julio López presenta testimonio contra el genocida Etchecolatz, y este último cierra su declaración diciendo: “tribunal, no es a mí a quien condenan, son uds los que se condenan”. El circuito Camps estaba conformado por al menos 29 Centros Clandestinos de Detención. 9.000 policías de la bonaerense entraron en actividad en la dictadura y aún continúan en la fuerza. Julio vuelve a desaparecer un 18 de septiembre, día en que se leía la condena.

El testimonio de Jorge Julio López, permitió no sólo condenar a Miguel Osvaldo Etchecolatz por su caso particular, sino también por el asesinato de Patricia Dell”™Orto y Ambrosio De Marco, aún cuando los represores hayan hecho desaparecer sus cuerpos.

López durante la inspección ocular en Arana señalo el quemadero. Pudo decirle a Mariana Dell` Orto (hija de desaparecidos) que su madre la quería. Pudo dar testimonio sobre el pasado reciente. Pero no puedo estar presente el día en que el Tribunal condenó a perpetua y por genocidio a Miguel Angel Etchecolatz.

Nuestros López”¦

Quizás con el juicio por la desaparición de Andrea, sepamos que pasó con ella, o no”¦ Jorge Julio López fue desaparecido por segunda vez tras un juicio que condeno con firmeza a los genocidas. En los dos casos, la justicia llego tarde, y no cuidó a las victimas.

En los dos casos, la impunidad reinante es una constante. La revictimización fue sistemática”¦ Andrea, porque ejercía la prostitución, Julio porque era un “viejo senil””¦. Así fue como se perdieron las primeras horas, los primeros meses en la investigación judicial”¦ en los dos casos hubo pistas falsas, pruebas mentirosas, encubrimiento y connivencia.

En los dos casos los familiares y las organizaciones no pararon de buscarlos, de golpear puertas, de llenar formularios, de conocer abogados, de dar notas en los medios, etc”¦ y en los dos casos, no hubo ningún resultado claro hasta el momento.

Uno, victima de los resabios dictatoriales, de la impunidad genocida que se camufla en plena democracia; la otra, víctima de la prostitución y el maltrato al que son sometidas miles de mujeres cotidianamente en plena democracia. Pero en los dos casos hubo encubrimiento policial, que resguardo al proxeneta y al genocida.

La típica inacción policial y judicial, sobre todo en las primeras semanas, la pérdida de pruebas por negligencia o franca connivencia, han determinado que hasta hoy no se sepa qué ha sucedido con Andrea y con Julio. Sólo por el impulso de organizaciones de DDHH, movimientos de mujeres, familiares, etc se logra avanzar en ambos casos.

Julio sigue en las paredes platenses, que se pintan una y otra vez; Andrea aparece en los muros pampeanos para evitar el olvido. ¿Dónde están?, es la pregunta que aparece de manera sistemática en cada marcha, en cada nuevo mural, en cada jornada de denuncia”¦

Andrea López y Jorge Julio López, tienen más coincidencias que llevar el mismo apellido”¦ ambos fueron victimas de sus verdugos, ambos quedaron desprovistos de la justicia, sus desapariciones fueron encubiertas por las fuerzas de seguridad y tergiversadas las pruebas, las denuncias de sus familiares fueron menospreciadas, las trabas judiciales fueron una constante.

Pero ambos, tanto Andrea como Julio, se han transformado en reclamos sociales, en estandartes de lucha, sus historias han sentado precedente, el cierre de las wiskerias o el programa de protección a testigos”¦ pero el costo sigue siendo muy alto, porque las desapariciones en democracia siguen dando cuenta que, en ambos casos, la justicia llega tarde, camina lento”¦ muy lento.

Paula Inchaurraga (Periodista)



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