12/09/2003

El movimiento social ante la encrucijada del consenso

El kirchnerismo empieza a ganar terreno entre las organizaciones populares, y hasta surgen fuerzas piqueteras ligadas al oficialismo. Muy hábilmente, el nuevo Gobierno construye su base social y crea las condiciones políticas para aislar a las organizaciones que mantienen intacta su vocación de lucha.


En julio se produjo un hecho que pasó desapercibido para muchos, pero que sin embargo sirve como indicio de lo puede darse en un futuro no muy lejano. En aquella ocasión el líder de la FTV y candidato a gobernador, Luis D`Elía, organizó una cámara oculta en la que una ex integrante del Frente de Trabajadores Combativos (FTC) denuncia un supuesto acuerdo de desestabilización entre esta organización piquetera y el ministro de Trabajo bonaerense, Mariano West, quien – según la “denuncia” de D`Elía – otorgaba dinero al FTC para que generara acciones de provocación. Motivadas por el oportunismo electoral, en los hechos, las acusaciones de D`Elía – con un inocultable sesgo macartista – fueron un bluf sin ningún tipo de sustento. Sin embargo, sirven de antecedente.

La gestión de Néstor Kirchner cambió significativamente el escenario político nacional y las fuerzas populares se reacomodaron de formas diversas ante la nueva coyuntura. Las que desde hace tiempo mostraban una predisposición absoluta al diálogo con el gobierno de turno (FTV y CCC) profundizaron esa orientación; y algunas que venían jugando un activo rol de oposición revisaron su actitud y hoy acompañan expectantes el nuevo proceso sin confrontar abiertamente con la gestión K. A su vez, empezaron a surgir fuerzas piqueteras kirchneristas (MTD Evita y Frente de Desocupados “Eva Perón”, por ejemplo) que buscan canalizar las demandas de los trabajadores desocupados para convertir a este actor social en base de respaldo del nuevo presidente.

Todo tiene su lógica, días atrás Página/12 publicó la declaración de un hombre de confianza de Kirchner en las que el enigmático funcionario afirmaba: “En algún momento la gente va a tener que salir a respaldar al gobierno. Para poder seguir, Néstor va a necesitar su 17 de octubre. Los desocupados de hoy pueden ser los descamisados del ’45”.

En función de este objetivo, Luis D’Elía cumple un papel fundamental por la magnitud del movimiento que encabeza, y por su constante actitud de delación y estigmatización de otras tendencias piqueteras: en junio del año pasado fue la Aníbal Verón, un año antes le había tocado al MTR y, como dijimos, un mes atrás fue el turno del FTC.

Para las organizaciones en lucha se abre un período de incertidumbre si es que el gobierno de Kirchner logra consolidar una firme mayoría a través del respaldo electoral a sus candidatos. Con este aval en las urnas, y envalentonado con casi un 80 por ciento de imagen positiva, el Gobierno nacional se encontraría en condiciones inmejorables para desarticular a las organizaciones “díscolas”. Y como se sabe, en tiempos de crisis el más débil se convierte en chivo expiatorio, más aún cuando para poder seguir adelante va a ser necesario implementar algunas medidas antipáticas que están destinadas a proteger los intereses de los empresarios locales y extranjeros (aumento de tarifas, recortes y compensación a bancos, principalmente).

Los vientos de renovación chocan insalvablemente con la realidad económica del país, y el despegue prometido amenaza con ser sólo una expresión de deseo. Algunos analistas especulan que para el 2004 un 25% del presupuesto nacional estará dedicado al pago de deuda externa; los más optimistas – suponiendo un crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) de entre el 4 y 6% – consideran que hacia el final del mandato presidencial la desocupación seguirá siendo de 2 dígitos. Es decir, con suerte, se puede esperar que el futuro económico no se modifique para mal en los próximos 3 años.

Con estas perspectivas, la acumulación de base social – directamente vinculada al nuevo gobierno – se combina peligrosamente con la incesante militarización de las calles. Esta estrategia de “pinzas” coloca en una situación sumamente difícil a las organizaciones que luchan por un profundo cambio social, ya que deberán continuar con su pelea en un contexto social adverso, en términos de consenso, por lo cual deberán evitar el aislamiento que siempre precede a la represión.



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