29/03/2011

La paz de los bombardeos

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El atentado de la ONU y de los imperialismos que integran la OTAN contra la paz, la Carta de la ONU y la soberanía de Libia es una guerra contrarrevolucioria y debe ser condenada con toda energía. Por Guillermo Almeyra


A Barack Obama le dieron el Premio Nobel de la Paz mientras conducía dos guerras y media (Irak, Afganistán, Cuba). Acaba de “ganárselo” de nuevo ordenando bombardear Libia sin permiso del Congreso y desde suelo brasileño, aunque Brasil se opone a esta aventura.

El pretexto -una “intervención humanitaria” para salvar vidas humanas- es de un cinismo atroz. Los bombardeos no salvan vidas sino que las siegan y por sí mismos ni imponen la paz ni hacen caer a ningún gobierno, porque para eso se necesita que el gobierno-blanco sea superado en tierra por una fuerza militar opositora.

O sea, que la operación “humanitaria” esconde en realidad la decisión de echar del poder a Kadafi con las tropas imperialistas, que vendrían detrás de los bombardeos… eso, si los diversos imperialismos se ponen de acuerdo.

El otro pretexto -la dictadura de Kadafi- es igualmente cínico. A Estados Unidos las dictaduras de Arabia Saudita, Yemen, Qatar, Bahrein, los Emiratos árabes le van muy bien, como les iban muy bien Mubarak y Ben Ali o Álvaro Uribe en Colombia.

Kadafi incluso era una pieza esencial de su dispositivo en el Mediterráneo y del reforzamiento de Israel, que bombardea diariamente a los palestinos.

El problema comenzó cuando la rebelión democrática árabe, que pone en cuestión la dominación imperialista en la zona, los acuerdos de Camp Davis y la estabilidad del mercado petrolero, abarcó también a Libia, donde Kadafi había quedado solo después de la caída de sus amigos
Mubarak y Ben Ali.

Allí se presentó ante el imperialismo una disyuntiva: o bien el imprevisible Kadafi, hasta entonces su aliado fiel , se imponía mediante un baño de sangre y, para reconstruir su poder, a lo mejor desempolvaba su nacionalismo de hace un cuarto de siglo (y las dos
cosas le eran políticamente insoportables) o, por el contrario, vencía una coalición heterogénea que incluye, junto a monárquicos xenófobos a nacionalistas antiimperialistas y que se apoya sobre un deseo ardiente
de democracia y de libertad que choca con los agentes del imperialismo y ex ministros de Kadafi vendidos que también forman parte de esa coalición pero no la controlan.

La intervención militar organizada mal y a toda prisa por los diversos imperialismos que tienen intereses divergentes en Africa por consiguiente no estuvo tanto motivada por el deseo de apoderarse del petróleo libio.

Antes que nada porque ese petróleo ya lo tenían desde
hace casi 40 años Total, Eni, la Shell y British Petroleum o Repsol porque Kadafi les había dado concesiones y mantenido sólo una empresa estatal (que era la caja chica de su familia) y, segundo, porque la
intervención militar sólo se empezó a discutir ante la insurrección democrática y nacional de todo el mundo árabe y es, en realidad, un intento de pesar militarmente haciendo presión en el eslabón más débil
de esa rebelión generalizada: o sea, sobre una sublevación que tiene una dirección inestable y heterogénea y está colocada en una relación de fuerzas militar desfavorable, lo cual le permitiría al imperialismo intervenir con menor costo político local.

El atentado de la ONU y de los imperialismos que integran la OTAN contra la paz, la Carta de la ONU y la soberanía de Libia es una guerra contrarrevolucioria y debe ser condenada con toda energía.

Francia ahora trata de destruir los aviones que Sarkozy le vendió el año pasado a Kadafi y Estados Unidos las armas que le dio porque Kadafi sostenía a Mubarak, que a su vez sostenía a Israel. La guerra no era ni la única ni la mejor opción. Había, por supuesto, otros modos de impedir que Kadafi matase en masa a los rebeldes libios.

Por empezar, impedirle vender petróleo (con el cual se hace más rico y se rearma) pero esa medida no la tomarán los imperialistas porque temen que aumente el precio del barril en plena crisis económica mundial agravada por el tsunami en Japón y por esa misma razón China y Rusia
se abstuvieron en la ONU dando vía libre a los bombardeos que prefieren a las medidas políticas…

Ahora los rebeldes se oponen a una intervención de tropas extranjeras en Libia, pero los imperialistas sólo pueden lograr su objetivo mandándolas a combatir en el terreno porque los bombardeos son ineficaces.

El problema consiste en que los estadounidenses no pueden, políticamente, ocupar otro país más y sus aliados están divididos en cuanto quién se haría cargo de la operación y quién la dirigiría.

Eso da tiempo para actuar. Con los libios -todos ellos- el mundo debe rechazar esa intervención exigiendo una mediación de la Unión Africana y el ALBA, con tropas africanas neutrales de interposición entre ambas fuerzas para garantizar un cese el fuego que permita preparar la
convocatoria de una Asamblea Constituyente donde el pueblo libio decida democráticamente cuál será su gobierno.

La condición previa, sin embargo, de esta pacificación debe ser el cese de los bombardeos criminales de Estados Unidos y sus cómplices, como Sarkozy que, para quitarle algunos votos a la extremaderecha en las elecciones
francesas, mata árabes, o Berlusconi que bombardea “con pesar” a su socio en negocios, amigo y compañero de orgías para distraer de los procesos que le pueden costar el gobierno y llevarlo a la cárcel.

Si fuese posible, sería necesaria una Brigada Internacional de Paz formada por jóvenes árabes y latinoamericanos y europeos presente en el terreno como fuerza pacificadora para garantizar el cese el fuego.

¡Fuera el imperialismo de Libia!

¡El destino de Libia debe ser decidido por los libios y por el pueblo árabe!

¡Fuera los dictadores de Yemen, Bahrein, Qatar, Arabia Saudita, Libia!

¡Fuera la OTAN del Mediterráneo!

Guillermo Almeyra

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Reproducimos Solicitada:

Apoyar las luchas de las masas árabes
Rechazar la intervención del imperialismo

Las rebeliones que se iniciaran en Argelia, que derribaran a los autócratas y déspotas que durante décadas oprimieron a los pueblos de Túnez y Egipto, que tienen réplicas en otros países del África y el Medio Oriente, siguen avanzando. Ahora se han instalado en Libia.

Los imperialismos norteamericano y europeo ven caer a sus personeros y ven como se debilita su presencia en la región.

Sin embargo Libia no es totalmente asimilable al resto de los países del norte africano, como tampoco lo es la dirección de la insurrección en curso. Esto provoca controversias al momento de definir una posición política.

Efectivamente existe un intento del imperialismo de expropiar la rebelión popular, pero esto no puede implicar mecánicamente el apoyo a Kedafi.

El imperialismo lo quiere sustituir por sus propios agentes y utilizar el repudio que existe contra el sanguinario dictador para crear un gobierno afin a los intereses de las grandes compañías petroleras.

Con este objetivo Estados Unidos puso en marcha un cerco diplomático (desde la ONU) y una amenaza de intervención militar (desde la OTAN), que no instrumentó en Túnez o Egipto y que ni se le ocurre aplicar a sus aliados, reyezuelos o títeres de Yemen, Barhein, Marruecos, Jordania, Oman o Arabia Saudita. Si no lo logra contemplará otras variantes como la secesión del país.

A pesar de estas amenazas no debemos olvidar quién es Kedafi. En sus orígenes no fue una marioneta dirigida a control remoto por el imperialismo y sí fue un aliado de los movimientos antiimperialistas en el mundo, también un declarado anticomunista.

Con la nacionalización de la renta petrolera desarrolló la economía y mejoró sustancialmente las condiciones de vida de su población en base a grandes subsidios y a la importación de alimentos.

Con el fin de la “Guerra fría” y el agotamiento de la política de enfrentamiento entre dos grandes bloques Kedafi dejó de ser importante en la región. Salvo porque Italia, Francia y España son los principales compradores de su petróleo que, privatizado, se disputan varias compañías imperialistas (Total, Shell, Eni, entre otras), o por las enormes inversiones que tiene en la Fiat de Italia, en constructoras de España, en la industria de armamentos en Inglaterra o en la banca europea.

Desde entonces su política en la región se tornó cada día más reaccionaria respaldando a dictadores como Ben Ali y Mubarak y se reconvirtió en una pieza más de la política de Israel y de Estados Unidos.

En paralelo y sobre todo desde 2003 inició un proceso de concesiones económicas (apertura y ajuste estructural de la economía, eliminación de subsidios, facilidades a las inversiones extranjeras y al capital financiero), que impactaron en las condiciones en que hoy viven y reproducen su existencia los trabajadores y sectores populares libios.

Esto duró lo que duraron sus bases de apoyo internacionales: Por un lado el debilitamiento de la hegemonía estadounidense y del Estado italiano, la recesión económica internacional, el aumento del precio de los alimentos. Por el otro las insurgencias democráticas en sus fronteras occidental y oriental rompieron los frágiles equilibrios kedafistas.

Esta fue la base del estallido. Que partió del eslabón más débil, la Cirenaica, y de las tribus nómades y se propagó a los trabajadores y las clases medias urbanas empobrecidas. En esa rebelión se mezclan agentes de EEUU, monárquicos, sectas fundamentalistas, nacionalistas nasseristas, burgueses que quieren su parte del botín del Estado, obreros del petróleo y la industria química, estudiantes universitarios que no tienen trabajo ni perspectiva, mujeres educadas por la alfabetización que Kedafi promovió, oficiales y soldados hartos del despotismo y la corrupción. El proceso es muy confuso y es evidente que hay sectores manipulados por los EEUU.

Kedafi llama a la unidad nacional contra los enemigos de afuera mientras promete una matanza a los enemigos de adentro. Pero también la intervención militar que preparan Estados Unidos y los gobiernos europeos ante la posibilidad de una guerra civil provocará más muertos y hambre desatando un proceso que puede encender la adormecida mecha del nacionalismo antiimperialista árabe.

Frente a esta perspectiva quienes no vemos el curso de la historia solamente como un enfrentamiento entre sectores “nacionales” y “proimperialistas”, sino desde una posición de independencia de clase y defensa de los intereses de explotados y oprimidos ante todos sus opresores y explotadores, nacionales o extranjeros, llamamos discutir lo que está sucediendo en Libia y en toda la región azotada y expoliada por regímenes despóticos y autoritarios.

Nos oponemos al saqueo del petróleo que se prepara. Alertamos contra las maniobras en curso para sustituir a un tirano por otro servidor de las grandes potencias. Convocamos a la auto-defensa de los trabajadores, a la reorganización de la economía sobre nuevas bases y a la resistencia contra todos los actos del imperialismo a las puertas de las revoluciones tunecina y egipcia.

Quiénes firmamos esta declaración defendemos la autodeterminación de los pueblos y estamos a su lado frente a todo tipo de intervención imperialista. Repudiamos la reciente declaración de las NU y llamamos a la más amplia solidaridad antiimperialista y antidictatorial con el pueblo libio y el conjunto de las masas árabes.

La Asamblea de los movimientos sociales reunida en el Foro Social Mundial en Dakar resolvió “…una jornada mundial de movilización en solidaridad con la revolución en el mundo árabe” para el próximo 20 de marzo (fecha elegida por ser el aniversario de la invasión a Irak en 2003). Unamos nuestros esfuerzos a esta jornada mundial

Buenos Aires, febrero 27 de 2011

Primeras firmas:
Guillermo Almeyra, Claudio Katz, Agustín Santella, Mabel Bellucci, Cristina Martín, Guillermo Gigliani Modesto Guerrero, Aldo Casas, Luis Angió, Emilio Taddei, Clara Algranati, José Seoane, Hernán Ouviña, Susana Neuhaus, Hugo Calello, Alberto Bonnet, Miguel Mazzeo, Ariel Petrucelli, Eduardo Lucita.

Adhesiones recibidas: Martín Ogando, Elisa Rando, Carlos Aznarez, Ricardo Zambrano, Silvio Schachter, Gustavo Robles, Eduardo Faletty, Alejandro Andreassi, Fernando Moyano, Meriem Choukrom, Mario Hernandez, Nano del Valle, Daniela Vergara, Manuel Rodríguez, Tato Tabárez, Cristina Quenardello, Raúl Jauzat , Francisco Sobrino, Alberto Teszkiewicz, Marisabel Grau, Manuel Benza Pflücker , Eduardo Grüner, José Bustos, Miguel García, Mariana Bosio, Fernando Armas, Ernesto Nicolay, Pablo Ghigliani, Adrián Piva, Mariano Saravia, Carlos Antón, Facundo Bianchini, Maria Felisa Lemos

Enrique Gandolfo, Laura García, Eugenia Etchegurry (CTA Bahia Blanca-Cnel. Borrego)
Roberto “Beto” Pianelli, Néstor Segovia, Jorge “Facha” Méndez (AGSyP)

Tilda Rabi – Presidenta Federación de Entidades Argentino Palestinas.
Pablo Goodbar – AARSOPAL (Asociación Argentina de Solidaridad con Palestina)

Frente Popular Darío Santillán
La Mella – Corriente estudiantil – UBA –
Cátedra Abierta Americanista
Frente Universitario de Luján, en el MULCS
Mesa Coordinadora Barrial de Moreno, en el MULCS
Bachillerato Popular “El Galpón” Moreno
Beatriz Amor, Bachillerato Popular “Agustín Tosco”
Militancia Comunista, en el MULCS.
Bases Socialistas, en el MULCS
Frente de Organizaciones en Lucha (FOL)

Juan Manuel Kart (La Mella / Juventud Rebelde) Itai Hagman – Presidente FUBA (Federación Universitaria de Buenos Aires),Martha Linares – Presidente CECSo (Centro de Estudiantes de Ciencias Sociales – UBA), Laura Fraile – Presidenta CECEN (Centro de Estudiantes de Ciencias Exactas y Naturales – UBA), Pablo Vensentini – Presidente CEFyL (Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras – UBA),Ignacio Kostzer – Consejero Superior UBA, Leandro Altman – Consejero Superior UBA, Germán Feldman – Consejero Directivo Facultad de Ciencias Sociales UBA, Jazmín Rodriguez – Consejera Directiva Facultad de Ciencias Sociales UBA, Ignacio Visanni – Consejero Directivo Facultad de Ciencias Exactas y Naturales UBA, Alicia Grande – Consejera Directiva Facultad de Ciencias Exactas y Naturales UBA, Marcelo Luda – Consejero Directivo Facultad de Ciencias Exactas y Naturales UBA.

Damián Fau – Presidente CEUGS (Centro de Estudiantes UNiv. Gral. Sarmiento)

Del Exterior: (Uruguay, Venezuela, Guatemala, México, Nicaragua, Paraguay, Panamá, España, Francia, otros no identificados)

Susana Khalil, Asociacion de Socorro al Pueblo Palestino, Canaán,
Liliana Beli, Mauricio Castaldo, Fco. Rafael Trujano Hermoso, Alejandro Dehollain, Nancy Spasadin, Severo Salles, Marina Almeida, Luis B. Pericás, Román Murguía, Armando Ch. Noriega, Elena Alvares, Antonio Orozco Michel, Elvira Concheiro, Santiago Concheiro Carmona, Luciano Concheiro, Cristina Vera Victoria Álvarez,Camila Ruiz Segovia, Luna María Lozano, Fernanda Roldán, Emilia Jorajuria, Balam Rosas Reinhold, Olmo Mariano Ayala, Marcos Britos, Cristian Saúl Xicará, Lucas del Aguila, Gabriel F. López., Carlos Morera, Miguel Ruiz Acosta, Mauricio Macossay, Gustavo Monterrubio Alfa, Romilio G. Chamorro, Antonio Moscato, José Luis Hdez. Ayala, Fdo. Buen Abad Domínguez, Victor P. Martínez, Carlos M. Mateluna, Guadalupe VALENCIA, Celso X. L. Pazos, Horacio Cervantes Martínez, Soledad G. Baica, Martín Gonzales, Olga Vassori, Jorge J. Egurrola, Javier Bone, Reinaldo Barría, Francesc M. Sallas, Efraín Cruz Marín.

Adhesiones a:

eduardo.lucita@gmail.com



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