08/10/2010

Comunidad y sociedad en la toma de las facultades

1-385_1_.jpg El autor de esta nota responde a los conceptos vertidos por Esteban De Gori en una nota publicada el viernes pasado en el diario Página 12 (Pesadumbre y oportunidad), En ella De Goris vierte su opinión en torno a la toma que los estudiantes de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires mantienen por la finalización del edificio único para esa facultad y por aumento del presupuesto educativo, entre otros eclamos.

Por Agustín Santella*

El día 8 de octubre, Página 12 publicó una nota de opinión de
Esteban De Gori sobre la toma de la facultad de Ciencias Sociales de
la UBA. La nota es bastante elusiva de las posiciones concretas que
enfrentan a estudiantes, autoridades y docentes. Aunque este tono
evocativo es el centro del argumento teórico: se dice que con este
conflicto se pierde el interés común, general, aquello que une a los
individuos en una comunidad. Pero antes que una condena total a la
toma, De Gori también dice que este conflicto es una oportunidad para
discutir las cuestiones de fondo, no solo de superficialidades, o
“metáforas arquitectónicas” como el “edificio”.
La tesis es que lo más grave de este conflicto es que se disuelve la
“comunidad” (“Nuestra comunidad está en ruinas”). Pero la oportunidad
que se presentaría es que la comunidad se puede reconstituir
incorporando sus conflictos. Dice: “Una comunidad puede fundarse en
desacuerdos, victorias y derrotas, pero sobre todo se funda cuando
esos desacuerdos, victorias y derrotas son asumidas como memoria común
de un grupo de personas que decide, transitoria o regularmente,
compartir un espacio juntamente con otros. Por lo tanto, la comunidad
se recrea con la voluntad de persistir en ella”.
Lo que sugiere De Gori es que una comunidad se recrea transformándose.
Desde nuestra perspectiva este es el papel progresista de los
conflictos sociales. Por ello no condenamos la protesta estudiantil,
porque precisamente apunta a la base “comunitaria”, las condiciones de
estudio y sociabilidad de la universidad.
Por supuesto que existen distintos tipos de conflictos y
transformaciones. Algunas transformaciones preservan la comunidad
aboliendo la estructura social previa. (Esta era la idea de “El
Manifiesto Comunista”, aunque aquí “comunidad” y “sociedad” eran
equivalentes. Dice que sobre la base del capitalismo no es posible la
sociedad, y que esta requiere de una transformación que la preserve
sobre otra base socio-productiva.)
La idea de transformación nos lleva a una visión del conflicto en
movimiento. La confrontación tiene una secuencia, en la que cambian
las relaciones de fuerza, los alineamientos, los actores y hasta las
ideas.
La protesta se radicalizó, hay que decirlo, porque se enfrentó en un
primer momento a la negativa y el desconocimiento del reclamo. Se
quiso deslegitimar el reclamo diciendo que “no se puede tomar la
facultad por un vidrio roto”. Es evidente que la facultad no se tomó
por eso, sino porque no se observan avances reales en la construcción
de una facultad. El gobierno académico puede discrepar con esa
subjetividad, pero eligió la descalificación de la demanda misma.
Sobre esta base es imposible la “comunidad”. Además el decanato eligió
un argumento que descalificó la protesta como “politizada”, al mismo
tiempo que se aplaudía la politización de los estudiantes secundarios.
La nota de De Gori sugiere, además, que las cosas han cambiado. Que es
necesario escuchar los reclamos, y que sin ello no hay posibilidad de
resolver la crisis política abierta en la Facultad de Ciencias
Sociales de la UBA. Quizás De Gori documente que las cosas ya han
cambiado: que del desconocimiento se pasó al reconocimiento de la
demanda estudiantil, de todo un sector numéricamente mayoritario (la
palabra “claustro” es medieval). Claro: solo restarían indicadores
concretos de este cambio, que son los que posibilitarían avanzar en el
diálogo y en que la comunidad se constituya en base a fines comunes:
una facultad donde se pueda estudiar e investigar. Los estudiantes se
atrevieron a luchar por ello, enfrentando la descalificación. Es hora
de darles un lugar, y la única manera es reconocer esta lucha y
sumarse a ella como Facultad. Aún cuando esto no resuelva mágicamente
el presupuesto, esto permitirá construir una subjetividad común, y la
idea de cierto proyecto. Es bueno repetirlo: parece que las cosas
están cambiado, si las comparamos con la situación del inicio del
conflicto. Esto dependerá de cómo siga la Mesa de Diálogo entre
Decanato, Estudiantes y demás actores de la facultad.

* Doctor en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires
Contacto: agustinsantella@gmail.com



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