07/08/2010

¿Una disputa sin sujeto?

archivo1_11631.jpgPor primera vez en la breve pero intensa existencia de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) su dirección histórica va a elecciones para renovación de autoridades nacionales y regionales en listas separadas. Por Eduardo Lucita.


Marchan a este proceso con la cláusula estatutaria democrática más distintiva en referencia a la CGT: el voto directo de sus afiliados. Pero lo que debiera ser celebrado como un acto de democracia obrera por excelencia, un debate de opiniones, criterios y conceptos, acerca de la situación de los trabajadores, como pensarla colectivamente, como aportar para resolverla, es vivenciado por las cúpulas y los cuadros intermedios como algo traumático, que pondría en peligro la existencia misma de la Central.

No es para menos. No hay en la Central una práctica de debate público de ideas. En prácticamente todas las elecciones hubo listas de oposición, que nunca pudieron superar el nivel testimonial, mientras que la conducción se mostraba sólida y unificada presentando candidaturas decididas por acuerdos internos nunca bien explicitados, con lo que esa conquista democrática que es el voto directo de los afiliados quedaba casi desnaturalizada. En cada elección la mayor preocupación no era propositiva sino cuantitativa. Léase: que el número de votantes fuera lo suficiente para legitimar la nueva conducción.

Es esto lo que ahora se ha quebrado. Se enfrentan antiguos dirigentes que, más allá de desencuentros momentáneos, compartían -y comparten- privilegiar las relaciones con el Estado y sus instituciones sin demasiadas mediaciones. Esto se expresó muy claramente con el agotamiento del menemismo y muy marcadamente cuando la crisis política del 2001(1).

Ambos bandos se han lanzado a una confrontación casi irracional. Con un esfuerzo digno de mejor causa se lanzan acusaciones y denuncias de maniobras de todo tipo, pululan las visiones conspirativas, no solo entre las fracciones enfrentadas, sino al interior de cada. Incluso se acusa de romper pactos preestablecidos. Un acuerdo no público sobre quién sucedería al actual titular, que este ahora no respetaría yendo por su reelección. Si este acuerdo preestablecido fuera cierto ¿Dónde queda la tan proclamada democracia sindical? ¿Para qué sirve el voto directo, como no fuera para legitimar lo resuelto en forma antidatada en otro ámbito?

Afiliaciones a la carta

En este tortuoso sendero se han lanzado a llenar fichas de afiliaciones y a mostrar avales. ¿Qué compromiso a futuro implican estas afiliaciones de último momento? En algunos casos incluso se trata de afiliaciones de integrantes de movimientos territoriales que pueden ser decisivos al momento del recuento de los votos, por lo que, sin desmerecer ni negar la importancia relativa de los mismos, se desnaturaliza el rol de la Central (2). Esto en un país donde merced al ciclo expansivo de la economía el movimiento obrero se ha recuperado cuantitativamente, alcanzado algo más de 11.000.000 millones de trabajadores (casi 6 en el sector privado y 2 en el público, el resto esta en negro o es cuentapropista)(3).

¿Los trabajadores? bien…Gracias

Pero lo más destacado y preocupante de esta campaña es la ausencia de sujeto. No se conoce ninguna declaración o documento público de alguna de las fracciones que esboce un programa, o al menos un listado de reivindicaciones y propuestas que atiendan a las necesidades concretas y reales de los trabajadores en la actual situación sociopolítica del país. Mucho menos cómo se piensa conseguirlas o al menos reclamarlas en el período para que esa lista será electa. Más allá de distintas actividades proselitistas que han hecho unos y otros, la realidad es que esta disputa no pasa el nivel de CCII y CD y sus allegados. La base esta prácticamente ausente o indiferente. Puede pensarse que una vez armada las listas se ocuparan de este vacío. Ojalá así sea en beneficio de los trabajadores, pero entonces es válido preguntarse: ¿Con qué argumentos cada fracción afilió en estos meses preelectorales? ¿Qué criterios se utilizaron para seleccionar a los integrantes de las listas que cubrirán los miles de cargos en juego?

La discusión no llega a los trabajadores, es como si los dirigentes se hubieran autonomizado de las bases, estas parecen no ser ya una referencia. Se trata de una disputa sin sujeto, que destaca más aún porque no se trata de cualquier debate. Sino de un debate más que importante.

Un debate por la orientación política

La discusión pasa por como pararse frente al gobierno K y si tener o no relaciones con la CGT. Son estos los términos del debate real. De un lado se parte de una idea que articula toda la argumentación: el gobierno es el enemigo principal, esto explica que la mayoría de quienes integran esta fracción se sumaran al campo en la disputa por la
resolución 125 -verdadero parteaguas en la política nacional- y terminaran arrastrados por la Sociedad Rural. Perciben toda medida tomada por el gobierno producto de una demanda popular como una maniobra y no como un logro, aunque sea a medias de la movilización y el reclamo. Del otro lado se privilegia la relación con el gobierno y la unidad de acción con la CGT: se apoyan en datos progresivos que sin duda existen y en una necesidad real de los trabajadores, pero quedan prisioneros del cerrojo kirchnerista, que no acepta medias tintas.

Para unos se trata de aferrarse a la autonomía de la central (que no es lo mismo que independencia de clase) frente al gobierno, y es correcto. Pero autonomía no sólo de este gobierno, sino de todos como de todo partido, y en este punto el pasado pesa. Para otros autonomía no es sinónimo de indiferencia frente a disputas entre fracciones burguesas, y también es correcto. Porque no se puede ser indiferente a cómo se resuelvan ciertas disputas que terminan impactando en la forma en que viven y reproducen su existencia las clases trabajadoras. Pero esto no puede, o no debiera, ser sinónimo de quedar embretado en los claroscuros de la política del gobierno K.

El debate es sustantivo, en última instancia remite a la forma de hacer política en una determinada relación de fuerzas, pero debieran tener en cuenta que se trata de hacer política desde los intereses de los trabajadores, no de los aparatos o cúpulas dirigentes. Si así fuera el debate debiera ayudar a elevar la comprensión política de los trabajadores sobre el período que atravesamos y trascender más allá de los estrechos marcos de la CTA, con lo que esta ganaría autoridad frente al conjunto del movimiento obrero. Pero como no se lo explicita, como es políticamente muy pobre, como las argumentaciones suenan más a chicanas que a posiciones fundadas, se debilita y se diluye en los meandros de las cúpulas y el activismo más cercano. No se interpela a los trabajadores, no se los convoca a protagonizar el debate ¿Como es recepcionado entonces en la base?: “…es una disputa por arriba”, “…una pelea por el aparato “…el problema son los cargos” o “… es la vieja pelea interna entre la verde y la celeste ”. Sin embargo hay en la central núcleos aun embrionarios que buscan escapar de la encerrona oficialismo u oposición, que buscan ampliar la democracia interna, que quieren tener peso real en las decisiones, que aún no logran corporizarse pero tienen potencialidad.

Un futuro donde puede haber

más debilidad que fortalezas

Los pronósticos no permiten augurar, al menos por ahora, el triunfo de alguna de las dos listas, todo indica que será una elección muy reñida. Sin embargo crece la percepción, cuando no el temor, que cualquiera sea el resultado la central no saldrá fortalecida.

No se trata que la CTA vaya a romperse. Ninguno de estos dirigentes en su sano juicio, aunque es cierto que en situaciones de crisis la irracionalidad puede imponerse, piensa en esta salida, tampoco que alguien piense seriamente en ingresar a la CGT, son simples y superficiales argumentos para la polémica. Pero sí puede pensarse que no se cumplirá el principio que “el que gana conduce y el que pierde acompaña”, más en una central que no cuenta en sus estatutos esa cláusula de toda democracia sindical que se precie de tal como es el derecho a tendencia y la representación proporcional de las minorías, que garantiza la participación en los debates y elaboración de las decisiones, aún de los que pierden.

Gane quién gane si sigue este nivel de enfrentamientos (que esperemos no redunde en fraudes, exclusiones e impugnaciones) no habrá acompañamiento alguno. Por el contrario la tendencia será a acentuar la fragmentación ya existente en la Central, a que nadie resigne posiciones, estas cruzarán todos los cuerpos orgánicos y se ensanchará la distancia entre la dirigencia y las bases. Así el efecto positivo que debiera desprenderse de un acto democrático y participativo, de cambio de ideas y confrontación de posiciones, para luego producir una síntesis superadora, puede culminar en su contrario.

La presentación de listas termina esta semana pero las elecciones son a fines de septiembre. Hay tiempo entonces para profundizar la reflexión. Para escuchar lo que se piensa en la base. Para elevar el nivel de argumentaciones y propuestas y aunque la CTA como tal no puede considerarse una organización de clase, si se puede elaborar un programa que responda a las necesidades de la clase trabajadora, promoviendo su discusión y aplicación con la mayor participación y la menor delegación posible. Priorizando3 la necesidad de la unidad social de los trabajadores por sobre toda otra consideración, en función de enfrentar los tiempos por venir.

Buenos Aires, agosto 3 de 2010


Notas

1) Luego de haber convocado a concentrarse en Congreso el 20/12, llamaron a desmovilizar para “…sentarse con los diputados” a ver como se resolvía el “problema institucional”.

(2) En realidad esto encierra un debate acerca de que es una central sindical en nuestro país, con un capitalismo de desarrollo insuficiente y deformado pero desarrollo al fin. No en otro de la región con una estructura social diferente. Si es una central que se afirma en los trabajadores ocupados, en la fábricas y talleres, en escuelas y hospitales, etc. y tiene política, y les da espacio en sus cuerpos orgánicos, a los desocupados y los diversos movimientos socioculturales. O es una central que considera con el mismo peso a los distintos sujetos, y en ese caso la relación capital / trabajo -en sentido estricto- se diluye.

3) Con esta campaña de afiliaciones la membresía de la CTA llega a poco más de 1.410.000 afiliados, de los cuales se estima votarían entre el 25 y el 35%.


Eduardo Lucita es integrante del colectivo EDI-Economistas de Izquierda. Colaborador de la Corriente político-sindical Rompiendo Cadenas.



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