08/03/2010

Desde la Cárcel de Mujeres

carceles.jpg La Unidad Nº 3 de Ezeiza, en la provincia de Buenos Aires, es una de las más pobladas. Las mujeres allí recluidas sufren hacinamiento, maltratos, mala atención sanitaria, constantes humillaciones. Ellas dan cuenta de estos atropellos a través de textos, resultados del taller de redacción que la Agencia Walsh realiza en ese penal.


Violencia versus Violencia

Desde la Cárcel de Mujeres de Ezeiza una compañera da cuenta de la ferocidad represiva que va desde las humillaciones constantes, hasta la paloterapia pura y dura, ejes que estructuran la vida en la prisión. Entre otras razones esto es posible porque Argentina es uno de los poquísimos países del planeta que tiene el servicio penitenciario militarizado donde conviven antiguos torturadores de la dictadura con nuevos hijos putativos de la constitucionalidad, hechos a imagen y semejanza, quienes impiden cualquier control por parte de organismos humanitarios, y así disponen discrecionalmente sobre la supervivencia o la muerte de miles de seres humanos privados de libertad.

En nuestra situación de encierro la violencia es algo cotidiano, desde los gritos al son del recuento, el apellido gritado a para cualquier requerimiento, hasta los palos o golpes una vez sancionada por alguna falta cometida.

Diferentes turno de botas, que cada día hay que enfrentar hasta por las simples cotidianeidades de nuestras vidas.

A las 7:45 horas llega el cambio de guardia. El recuento. Deben abrir el patio y darnos los tubos de teléfono (ejemplo de un pabellón, en otro es peor), siempre algún inconveniente, que si llueve y deben consultar si abren el paso del aire libre, aunque estemos a más de 30º grados de calor.

Las instituciones castrenses no permiten que las celadoras de rango más bajo piensen (no se les paga para eso), no deben tener criterios propios. Solo obedecen órdenes, tengan la circunstancia que tengan que afrontar. Ya sea que una interna este muriéndose de cualquier dolencia, que si no les dan la orden y vienen a buscarla las de división Requisa (encargadas de cualquier movimiento), no hay tu tía.

La salida al trabajo (dentro del penal) es otra expedición, no existe un horario fijo, pero se puede oír las exigencias de cuando llaman tienen que ser “ya”, todo al trote (sin correr que está prohibido), como si del servicio militar se tratase. Para pasar por la “requisa”, no vaya a ser que lleves o traigas algo “ilegal”.

Toda esa agresión la recibimos a diario. Nuevas normas, nuevos jefes, cada dos por tres, como en los talleres de producción a los que ahora ni encendedor se puede llevar, eso sí, a la hora que ellas dicen que se puede fumar (pero sin encendedor), lo tenés que hacer en un lugar común provocando encuentro entre trabajadoras de distintos talleres sean amigas o enemigas.

Como en todas las relaciones sociales, entre las compañeras existen roces, que gracias a la violencia institucionalizada se agravan generando peleas. Eso sí, si se desencadena una pelea entre internas, las represalias son para toda la población, no vaya a ser cosa que se contagien las ganas de pelear.

Olas represivas llegan a diario obstaculizando una de las cosas más sagradas de la persona en situación de encierro: la visita de sus seres queridos. Burocráticamente está la trampa, que si papeleo o autorizaciones atendidas por las botas de sección visita.

Largas esperas de los visitantes para entrar o salir del penal. Las humillaciones de requisas, la imposibilidad arbitraria de lo que es permitido ingresar por paquete. Todo eso genera el desgaste de las familias o amigos que deben desplazarse tantos kilómetros para llegar a vernos.

Las incompetencia de las botas de Seguridad Interna (que son las más agresivas) de contener, cualquiera sea el problema de alguna compañera, que lleva reclamando algo (por lo general su derecho), vaya a saber desde cuándo. Y así la hacen explotar de impotencia violentamente y genera casi siempre la paralización total de cualquier movimiento de la población, no respetando horarios laborales, talleres culturales, clases educativas, servicios sociales o de salud. De ese modo se culpa a esa interna del mal padecido por todas las demás.

¿Hasta cuándo llevarán adelante ese falso discurso de “resocialización” pro parte de las botas?

¿Quién puede creer que una fuerza militar pueda corregir algo a base de represión?

¡Desmilitarización del Servicio Penitenciario Ya!!!

Martina de la Calleja- Ezeiza

Lecrac

En el siguiente relato, ya desde el título (vesrre de cárcel) Olga detalla tramos significativos de la política de aniquilamiento: “así como afuera, o extramuros, a todos les late el corazón para seguir con vida. Les aseguro, que aquí en LECRAC, también nos late el corazón pero al doble de dimensidad. Cometimos errores y estamos en este lugar de exterminio humano”, nos dice en parte de su conmovedor texto.

¿Será que la sociedad sabe de nuestra existencia? ¿Sabrán que cuando una de nosotras, nos enfermamos aquí en la Unidad Nº 3, Ezeiza, los Sr./Sra. Con matricula hacen la vista gorda?

Estoy segura, que más de una desconoce nuestra condición infrahumana que estamos pasando, quiero creer que así es…

Pena de muerte!!! Es tan fácil salir a gritar y pedir…pero no se preocupen ya la unidad lo esta haciendo, nos están matando una por una. ¿Cómo lo hacen? ¿Estas preparada para escuchar?…bueno prepárate y escucha con atención, esto es una historia verídica.

Paso a comentarles, que ninguna de nosotras aquí detenidas tenemos derecho a la salud ¿Por qué? Cuando una de nosotras nos enfermamos, hay una famosa pastillita que cura todo ¿Cómo se llama? No sabemos, y si están vencidas tampoco, porque nos dan a ingerir al momento, sea cual sea la dolencia. Este es el famoso Centro Mortal, donde si alguna de nosotras necesitamos alguna atención de urgencia nos llevan a depositar en este Centro Mortal, donde las cucarachas cumplen las funciones de los médicos, enfermeras etc. Donde las cucarachas son dueñas y señoras de este lugar, por lo menos le hacen masajes a sus pacientes, para minimizarles el dolor, lo único que les falta a estos insectos tan fieles y a la vez solidarias, porque ellas son las que se quedan a velar por nuestras compañeras, cumpliendo funciones que no les corresponden y será que no es mejor ya, pedirles uniformes a estas enfermeras sin matricula, pero eficaces a la hora de atender a sus pacientes y son tan solidarias que si queda resto de comida ellas se reparten entre todas, así para poder mantener un poco la limpieza. Que mas decirles ellas están en cada rincón, entre los cimientos, habitando hace más de treinta años.

Como quisiera que algún día puedan hablar y así poder desenmascarar a todos estos farsantes con placas y matrículas que dicen ser cuidadores de la vida. Y así algún día podremos poner fin a esta terrible represión anónima de parte del SPF porque ni siquiera llevan los nombres puestos. Hasta culpa siento, cuando trato de exterminarlas porque se que las cucarachas son las únicas que velan los sueños de mis compañeras que están enfermas y depositadas en el cuarto oscuro. Por si eso no fuera poco la limpieza inexistente donde los inodoros están forrados de hongos y los colchones sin sabanas llenos de manchas de sangre de orina y muchas cosas mas de las que se puedan imaginar, porque no nos ponemos todas de acuerdo para pedirles a las cucarachas se les permita a las cucarachas tener el conocimiento de primeros auxilios, ya que la enfermera en la hora de atención a sus pacientes siempre se duerme. ¡Que bárbaro! Si, es bárbaro, porque todo esto es real, pasa aquí y ahora en la unidad numero tres de Ezeiza.
Le pregunto a la sociedad tan excluyente, si esto no es Pena de Muerte, ¿que es? Les pregunto, no es la forma de que uno eligiría morir.

Olga

Técnicas de Aislamiento

Una a una, esta compañera describe ciertas prácticas de los penitenciarios quienes desalientan, con titánica voluntad, la concurrencia de familiares y amigos. El corte de los vínculos con el exterior es un tramo significativo de la política de aniquilamiento de la entidad humana destinada a los habitantes de las prisiones.

Si señores, aisladas nos quieren a todas las mujeres que permanecemos privadas de nuestra libertad. En la Unidad Nº 3 de mujeres de Ezeiza, camuflan sus políticas represivas, para lograr agotar a cada ser querido que pretenda acompañarnos a cumplir nuestra condena.

Son múltiples las trabas que imponen a familiares o amigos para visitarnos, traernos paquetes o querer ayudarnos con unos pesos.

Según la ley de ejecución penal 24.660, para el tratamiento “resocializador”, es un factor importante el contacto con nuestros seres queridos, los vínculos con el exterior y de nuestras familias.

Estamos en una zona alejada de la gran urbe y sobre todo de los barrios periféricos, que no casualmente son los orígenes de procedencia de un gran porcentaje de nosotras. Ya que lo más criminalizado hoy en día es la POBREZA.

Para las compañeras extranjeras (alto porcentaje de la población del sistema penitenciario federal), sus visitantes llegan de países lejanos a muchos kilómetros de distancia, siendo igual de maltratados.

No sólo la realidad nuestra, es tener pocos recursos económicos, sino también es la del ámbito familiar. Para poder acceder a una tarjeta de visitante, es necesario tramitar varios papeles como: antecedentes penales, certificado de domicilio y documentación sobre vínculo familiar.

Se facilita si la persona jamás estuvo detenida y cuenta con tiempo para realizar el papeleo (se tramitan en horarios laborales) también si existen las acreditaciones de vínculos (no basta que sea de su misma sangre, o que el ADN lo compruebe). Ah, y de disponer de monedas no sólo para viajar hasta aquí, sino también para sacarse las fotos requeridas.

Para todo esto, sólo existe un horario y día determinado para presentarlo. Claro no puede ser el mismo que venga a visitarnos. Si por esas casualidades hemos conseguido que una jefa nos atienda y autorice su ingreso “por única vez” en calidad de “visita especial”.

Si por lo que sea, el posible visitante tiene alguna causa judicial abierta, es preciso que el juez a cargo se digne a no oponerse a autorizar el ingreso de la persona a la unidad.

Después de todo el desgaste burocrático, puede ser que no estén del todo satisfechas, sobre todo si de una amistad se trata y exijan otro día distinto (en horario laboral) venga hasta Ezeiza a entrevistarse con una de las mal llamadas “asistentes sociales” del SPF, responder a un cuestionario más que absurdo, para no confesar si vas cometer ilícitos con drogas o comercio en negro de cualquiera sea el objeto (como corpiños o bombachas).

Los días de la semana se dividen en: visita, paquete, retiro o ingreso de dinero, entrevistas, ingreso de algún electrodoméstico. Si el visitante está empleado, posiblemente se quede sin trabajo por no justificar tantas faltas, así no disponer de dinero para venir a vernos. Hasta ahora el día de visita estaba permitido ingresar mercadería (alimentos, ropa o artículos de aseo), facilitando ser durante el fin de semana.

De golpe y porrazo, sin haber notificado a nadie “decide” (no se sabe quien) un día sábado, que no se puede ingresar mercadería el día de visita. Así se transforma en una arbitrariedad quien lo puede hacer y quien no.

Total, no les importa el gasto efectuado con gran esfuerzo del familiar o amigo en carne, pollo, verdura o lácteos, que pueda estropearse tantas horas fuera de refrigeración, para volver a ser cargado hasta su casa con toda frustración e impotencia que ello produce.

No se tiene en cuenta que lo cargan ancianas, mujeres embarazadas o menores. Total si las que hacen el esfuerzo no son las funcionarias.

La sensación del castigo impuesto a cada familiar o amiga de la condenada, no termina ahí. Colas de espera, requisas poco agradables, mal trato, humillación y por último el azar de enganchar a las funcionarias de mal humor o comiendo, significará horas de retraso para abrazar al visitante.

Si algún familiar tiene la posibilidad de ingresar un ventilador, radio o cualquier electrodoméstico, este también tiene un horario o día especial para que el “técnico” en requisarlo, se dé el lujo de abrirlo, anular el “Rec” si es grabador, o disminuir el volumen del aparato. Lo que impide que la garantía cubra cualquier desperfecto.

Por todos estos motivos, muchas compañeras deciden que vengan con menos frecuencia o no vuelvan a visitarlas. Quedando al descubierto el objetivo camuflado de aislarnos, de continuar reproduciendo seres antisociales. Quizás por una política perversa que aun se arrastra desde los crueles años dictatoriales, de cualquier fuerza castrense o simplemente por ese culturalismo del uniformado del hecho de ahorrarse “trabajo”. La impresión es que a las funcionarias les molesta, les da envidia que familiares o amigas quieran lograr que cumplamos nuestras penas en las mejores condiciones posibles.

Deben tener aún en el 2010 la estructura mental de que los presos debemos sufrir, aunque las leyes sólo nos impongan la privación de la libertad y no todos los castigos adicionales, injustificados y gratuitos, que nos hacen no sólo padecer a nosotras, sino también a nuestras familias.

Martina de la Calleja

Textos extraidos de Para la Libertad- Agencia Walsh



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