23/03/2009

Un poco de justicia para el Negrito

negrito.jpgEn abril, comenzará el juicio contra cinco genocidas por el asesinato de Floreal “Negrito” Avellaneda, un joven de 15 años cuyo cuerpo apareció en la costa uruguaya. El ex general santiago Omar Riveros estará dentro de los enjuiciados. El proceso se enmarca dentro de la megacausa Campo de Mayo.


Hace 32 años en su carta a la Junta Militar, Rodolfo Walsh relataba: “Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, incluyendo el chico de quince años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, ‘con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles’, según su autopsia”. El periodista y militante retrataba el horror.

El “Negrito” tenía una estirpe comprometida. Militaba en la Federación Juvenil Comunista, más conocida como “La Fede”. Venía de un hogar de trabajadores con legado de lucha. Su abuela había organizado la solidaridad con los presos políticos de la década infame. Sus padres eran y son militantes comunistas. Floreal Avellaneda- padre- había sido elegido delegado en la fábrica metalúrgica Tensa. Ya había sido amenazado, antes del golpe genocida, por la Triple A. Pero lo peor estaba por venir.

A las 2.30 de la madrugada del 15 de abril de 1976, frenadas de autos y pesadas corridas agitaron la noche de los Avellaneda. La cerradura de la casa de Munro fue destrozada con un disparo de FAL. Las demás puertas fueron cediendo con las patadas del grupo de tareas. Una de las tías del Negrito gritaba: “¡Floreal, Floreal, son las Tres A!”, advirtiendo al delegado de la metalúrgica. Como podía, el hombre se escapó por los techos. Los represores no lograron alcanzarlo.

El Negrito le pidió ir con él pero se quedó, como su padre le rogó, con su madre porque lo necesitaría. Furiosos los militares, llevaron a toda la familia al patio y practicaron tres simulacros de fusilamiento. Finalmente, se llevaron al Negrito y a su madre, Iris Pereyra de Avellaneda.

En el auto en que los trasladaban, el pibe le dijo a su mamá: “Mami, quedate tranquila. Todo va a salir bien”. Después llegaron a la comisaría de Villa Martelli. Las torturas comenzaron para ambos. Los alaridos de la madre y el hijo se entremezclaban. Cuando terminó la sesión, el Negrito le susurró: “Mamá, deciles que papá se escapó por los techos, por favor”. Esas fueron las últimas palabras que Iris escuchó de parte de su hijo.

Pereyra de Avellaneda fue trasladada hasta el Campito, uno de los centros clandestinos de detención que funcionó en Campo de Mayo. Después, a la penitenciaría de Olmos. Recién recuperó su libertad en julio de 1978.

Pero las peores noticias llegaron desde la costa uruguaya. El 16 de marzo, el diario Última hora titulaba: “Cadáveres en el Uruguay”. Según la crónica, “en un comunicado oficial de la Prefectura Nacional naval del Uruguay, se informó que el último de los cadáveres encontrados era de sexo masculino, cutis trigueño, cabello castaño oscuro, de un metro sesenta de estatura. Como seña particular se encontró un tatuaje en forma de corazón con las iniciales F y A”.

Como reconstruye el periodista Fernando Almirón en su libro Campo Santo, era el cuerpo de Floreal Avellaneda que apareció flotando en el Río de La Plata a un mes de su secuestro. Estaba atado de pies y manos con alambre. Tenía una profunda herida sin cerrar en una de sus piernas. Luego, se comprobaría que había muerto a causa del empalamiento al que fue sometido por sus torturadores en El Campito.

El caso de Floreal está, por supuesto, enmarcado en el plan sistemático de exterminio. Entre las víctimas del genocidio estuvieron muchos jóvenes militantes que no llegaban a los 18, como el Negrito.

¿Un poco de justicia?

El juicio por las feroces torturas y el asesinato del Negrito llegará a juicio en abril. Aún no está definida la sala en la que se llevarán adelante las audiencias. Como viene sucediendo en cada uno de los procesos judiciales que se realizaron desde la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, irán a juicio un puñado de genocidas emblemáticos por un homicidio, desdibujando la magnitud del genocidio. El juicio por el Negrito es un pequeño tramo de la megacausa Campo de Mayo.

Estarán sentados en el banquillo de los acusados Santiago Omar Riveros, uno de los jefes máximos de la dictadura e integrante de la Junta Interamericana de Defensa, los oficiales Raúl Horacio Harsich y César Amadeo Fragni, al director de la Escuela de Infantería Osvaldo Jorge García, y Alberto Ángel Aneto, que revistaba en la comisaría de Villa Martelli.

El general de brigada (R) Santiago Omar Riveros, jefe de la zona IV, fue detenido y procesado en 1985. Fue indultado en 1989 por el ex presidente Carlos Menem. Tiempo después fue detenido por apropiación de menores y excarcelado más tarde. En febrero de 2005, el mismo tribunal la Cámara Federal de San Martín resolvió que el indulto a Riveros era constitucional. En septiembre de 2006 la Cámara de Casación Penal anuló esa resolución, medida que confirmó la Corte Suprema de Justicia. Recién ahora llegará a juicio.

La abogada Liliana Mazea, integrante de una de las querellas, hace un planteo que queda pendiente con el estado actual de las causas. “¿Piensan que con la eventual condena en estos dos casos se hará justicia por los cinco mil compañeros que pasaron por esa Zona que comandaba Riveros? Vamos a estar en el juicio de estos dos casos pero queremos también estar presentes y que se haga justicia en los demás casos que muy lentamente están llegando a debate oral.



0 comentarios

1000/1000
Los comentarios publicados y las posibles consecuencias derivadas son de exclusiva responsabilidad de sus autores. Está prohibido la publicación de comentarios discriminatorios, difamatorios, calumniosos, injuriosos o amenazantes. Está prohibida la publicación de datos personales o de contacto propios o de terceros, con o sin autorización. Está prohibida la utilización de los comentarios con fines de promoción comercial o la realización de cualquier acto lucrativo a través de los mismos. Sin perjuicio de lo indicado ANRed se reserva el derecho a publicar o remover los comentarios más allá de lo establecido por estas condiciones sin que se pueda considerar un aval de lo publicado o un acto de censura. Enviar un comentario implica la aceptación de estas condiciones.
Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


Ir arriba