25/02/2009

Oaxaca, todo el poder al pueblo

APPO.jpg Los días 20, 21 y 22 de febrero se desarrolló en Oaxaca, México, el II Congreso estatal ordinario de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) bajo el lema “rumbo a la reorganización y rearticulación de la APPO”. Surgida en el 2006 para respaldar la lucha docente, la APPO enfrentó desde el inicio salvajes represiones por parte del Estado mexicano. Hoy se plantea como una asamblea de asambleas donde se articula un amplio arco de organizaciones políticas, sociales y culturales. Por Gastón Wahnish y Leandro Pankonin, especial para ANRed desde México.


El II Congreso de la APPO

Unos 500 delegados y delegadas de todo el estado de Oaxaca llegaron el pasado viernes a la “Ciudad de la Resistencia”, nombre que recibió la ciudad Oaxaca de Juárez a partir de la revuelta del 2006. Amas de casa, comunidades indígenas, familiares de desaparecidos y presos políticos, miembros de sindicatos, jóvenes de colectivos artísticos, representantes de ONG’s y dirigentes estudiantiles.
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Medios de comunicación nacionales e internacionales y más de 40 organizaciones invitadas de otros estados del país acompañaron el encuentro. Los puntos centrales convocantes fueron reorganizar y reactivar las estructuras de la APPO y nombrar su Consejo Estatal, hacer un balance de las etapas de lucha de la organización, realizar análisis de coyuntura nacional e internacional y acordar un plan de lucha común.

Al comienzo de cada jornada del Congreso se desarrollaron conferencias a cargo de investigadores e intelectuales como Ana Esther Ceceña, Gustavo Esteva, Benjamín Maldonado, Armando Rendón y Enrique González Ruiz. Al terminar, se abría un espacio para el debate con el fin de alimentar con información las 5 mesas de trabajo que se desarrollaron durante el segundo día.
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El cántico retumbaba en el auditorio, “hombro con hombro, codo con codo, la APPO, la APPO, la APPO somos todos”. Y no era casual. Algunas organizaciones ya hablaban en los días previos al Congreso de una posible división o ruptura. Es que el arco de organizaciones políticas, sociales y culturales que conforman la APPO es muy amplio: grupos anarquistas, comunistas, trotskistas y autonomistas; desde quienes apuestan a cambios por vías electorales hasta los que apuestan por un gobierno de contrapoder y paralelo al institucional. Por eso, entre conferencias, votaciones e intervenciones, varios coreaban “¡unión, unión, unión!”.

En su intervención como ponente, Gustavo Esteva dio cuenta de la complejidad de este asunto: “El desafío actual de la APPO consiste en respetar el carácter del impulso que la define, que estaba en el origen del movimiento y determina su destino posible. Necesita superar las tensiones y contradicciones que provocaron en su interior quienes intentaron imponerle sus propias agendas políticas. Sea cual fuere su validez y legitimidad, nunca fueron compartidas por la mayoría. Lo son ahora menos que nunca. Deben hacerse a un lado, para perseguir sus propósitos en otros espacios, o sumarse al empeño colectivo sin afán proselitista, para propósitos puntuales. Aún más difícil es el desafío organizativo. Por aquellas agendas y otros factores, se manifestó en la APPO la tradición organizativa vertical de algunas de las organizaciones que la formaron. Se necesita hoy conseguir lo que no se logró en 2006: crear una estructura organizativa auténticamente horizontal, ajustada a la naturaleza del movimiento, capaz de respetar la autonomía de sus núcleos y al mismo tiempo de concertar su interacción y facilitar el continuo ejercicio de mutua solidaridad”.
Afiche de actividades culturales días previos
Finalmente, los asistentes al Congreso consensuaron en que “la APPO no es un trampolín político”, y se decidió “respetar la autonomía de las organizaciones e individuos que decidan participar en las elecciones, siempre y cuando no utilicen este movimiento”. A su vez, a la hora de definir y caracterizar a la organización, los delegados definieron: “La APPO es independiente en lo político, organizativo e ideológico del Estado, y de los partidos políticos electorales. No puede haber dirigentes ni miembros de ningún partido político como dirigente de la APPO”.

2006, ¿y ahora quién podrá ayudarnos?

El 2006 no representa un año más en la historia reciente de México. El levantamiento de Oaxaca se enmarca en un proceso de gran movilización social, y como contrapartida, de una fuerte embestida represiva de parte del Estado. Por esos días, el Subcomandante Marcos (como delegado zero) recorría el país impulsando “La Otra Campaña”, una propuesta de armado de una fuerza a nivel nacional nacida de la Sexta Declaración de la Selva de Lacandona, promulgada por la Comandancia General del EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) en junio de 2005.

Aquel año de 2006, el termómetro político nacional estaba marcado por las elecciones presidenciales. El clima se enrarecía a medida que crecían los rumores de fraude por parte del PAN y el PRI para posicionar a Felipe Calderon en el gobierno. Por su parte, el candidato por el PRD, Andrés Manuel Lopez Obrador, se proclamaba presidente legítimo y encabezaba movilizaciones masivas en las calles.

El devenir de los hechos se completa con lo sucedido en Atenco, una pequeña localidad del Estado de México donde, en los primeros días de mayo y luego del paso de “La Otra Campaña” por allí, los campesinos fueron fuertemente reprimidos.

Un mes más tarde, el 14 de junio, Oaxaca vio ante sus ojos el violento desalojo del planton (instalación de carpa de protesta) que la Sección 22 del magisterio mantenía en el centro de la ciudad. La represión contra los maestros trajo aparejada una importante movilización del pueblo de Oaxaca que, cansado de las políticas autoritarias del gobernador del Estado, Ulises Ruiz Ortiz, comenzó a pedir su destitución.

El pueblo se mantuvo en la calle y tomó varios de los principales edificios públicos, lo que desató una represión aún mayor de la PFP (Policía Federal Preventiva), un accionar que fue denunciado por sus graves violaciones a los derechos humanos -torturas, violaciones y desapariciones- comparables a las ejercidas por las dictaduras militares de América del Sur en la década del ’70. Para prevenir el ataque de la PFP y de grupos paramilitares, el pueblo oaxaqueño acudió al armado de cientos de barricadas en los accesos a la ciudad, coordinadas por Radio Planton (la radio del magisterio), más otras 12 emisoras y un canal de TV, que fueron tomados a lo largo de 6 meses de luchas y deliberaciones. Este proceso dio origen a la APPO y lejos está de haberse cerrado.

Zapata punk, pintada callejera



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