22/01/2009

Bolivia: algo más que un simple referendo a la nueva Constitución

0268.jpg Este domingo se vota por el sí o el no a la nueva constitución en Bolivia. El MAS y el presidente Evo Morales vislumbran en el éxito de este comicio el inicio de “un proceso histórico de refundación”. La campaña opositora ha utilizado todo tipo de frases en estas semanas, llegando a slogans disparatados como “Vote a Dios, Vote NO”.


Evo Morales destaca la centralidad de este referendo al advertir a sus compatriotas que, en el caso de perder, “habrá que esperar hasta el 2021 para retomar las reformas que esta constitución propone”, según recogió un artículo de La Colectiva.

La Constitución será sometida al pueblo por primera vez en los 183 años de historia de Bolivia. La nueva Carta Magna garantiza las autonomías, la distribución del poder territorial a nivel municipal, regional e indígena, por lo cual, según el MAS, “se consolida la democracia como en ningún otro país de la región andina”.

Desde el gobierno conducido por Morales existe una amplia confianza en que “este domingo triunfará el Sí ampliamente lo que implicará encarar un nuevo proceso histórico en el país”.

Las denuncias hacia la “Unión Juvenil Cruceñista” se van sumando día a día, debido al incremento de la práctica de amedrentamiento sobre la población simpatizante del MAS que este grupo realiza, principalmente en poblados como Ramada (donde se congregan los votos para el SI) en donde por las noches salen a robar y destruir mercancías.

El pasado 22 de enero se cumplieron tres años desde que Evo Morales y el MAS conducen los destinos de Bolivia. ANRed reproduce la entrevista que el periódico Renacer (de Buenos Aires) le hizo a Félix Patzi, sociólogo y ex ministro de educación del gobierno de Morales, en la que se hace un esbozo del recorrido hecho hasta ahora y de los desafíos por venir.

“Bolivia es una referencia para los movimientos indígenas”

 Bolivia ha logrado materializar el único proyecto indígena en América que alcanza el gobierno. ¿Cómo nace y evoluciona este proceso?

 En los años setenta, los intelectuales aymaras y quechuas comenzaron un proceso de recuperación de sus formas ancestrales de vida política, económica, jurídica y cultural, muy distintas a las occidentales. Posteriormente, se intentó la participación política, sin mucho éxito, debido a que la mayoría de los indígenas aún apostaban a una civilización europea, como consecuencia de la educación recibida. En 1992 se vivió otro momento importante, donde la discusión se planteó de forma distinta. Debatiendo si nuestra situación era el resultado de una conquista, de una invasión o el encuentro entre dos mundos. En este período se comienza la organización como un movimiento político.

 ¿Existieron factores externos que colaboraron con la consolidación de este movimiento?

 Sí, la caída del socialismo jugó un rol importante. En 1989, con la caída del Muro de Berlín, desaparece la búsqueda de la utopía socialista. Esto posibilitó la discusión desde una visión más endógena, más indígena. En Bolivia, la lucha de clases como movimiento sociales empezó a perder protagonismo frente a la emergencia de las reivindicaciones indígenas. Surgieron a la palestra pública los levantamientos indígenas de las tierras bajas, que antes eran desconocidos. En ese momento se consolidó un movimiento único que podemos llamarlo originario indígena.

 ¿Usted ve reclamos compartidos en los distintos movimientos indígenas de Latinoamérica?

 Existen diferencias. El movimiento del Zapatista respondía a los antiguos esquemas de reivindicar del movimiento social clasista. Además, estaban protagonizados por agentes externos – como el subcomandante Marcos -. La particularidad de Bolivia es que son los propios actores los protagonistas que vienen a la lucha. Yo creo que esta es la diferencia. Evidentemente, el movimiento Pachackutic de Ecuador, que tiene similar lucha, se dio en un proceso diferente. También los levantamientos esporádicos en Guatemala. Digamos que se puede hacer una cadena de hechos, pero Bolivia sigue siendo de referencia al resto de los movimientos indígenas. Lo interesante de nuestro país es que se ha ido madurando, con una fuerte participación democrática. Se plantea la formación de los últimos dos partidos: el Movimiento Indígena Pachakutic (MIP) y el Movimiento al Socialismo (MAS).

 Partido que accede al poder.

 Sí. Estamos en un momento histórico. En el 2000 presenciamos la caída de la visión neoliberal y se crea un vacío ideológico, que era hegemónico hasta ese momento. Todas las instituciones del sistema se resquebrajaron, emergiendo dos reivindicaciones. Una histórica, con fuertes componentes culturales, hereditarios que revindicaban todos los sistemas culturales indígenas en una especie de reactualización de nuestras formas de vida, de producción, y de formas políticas de las sociedades indígenas en el siglo XXI. Una segunda reivindicación se centró en recuperar el bienestar social y la nacionalización de los recursos. Eso abrió la posibilidad al movimiento indígena de acceder al poder.

 En ese momento de la historia, ¿como reaccionó la población indígena?

 La población urbana, que antes se reivindicaba no indígena, por primera vez, cuestionó esa identidad. Toditos empezaban a embarcarse a esta visión identitaria, en la cual los indígenas empezaban a reivindicar su propia concepción social del mundo. Por lo tanto, su proyecto social propio. Es en este momento cuando empezó a primar el cambio. Esta lucha identitaria es el factor que unió a todos. Estos movimientos, estas marchas, a partir del 2003, ya no aparecen identificados como un movimiento de clase, sino como un movimiento indígena, fundamentalmente identitario.

 A partir del 2002, diferentes encuestas muestran que hay un cambio en la percepción de identidad, mostrando una mayor aceptación de su origen indígena. ¿Por que se dio este cambio?

 Una explicación puede encontrarse con las revueltas y bloqueos encabezados por Felipe Quispe en 2002. En ese entonces, él habló con mucha fuerza sobre la reconstitución del Tawantisuyo. En ese momento, él era el Mallku -el líder máximo de la confederación-, y se dirigió por primera vez al presidente Banzer, para a hablar de “presidente a presidente”. Estos hechos reivindicaron el orgullo de ser indígena, con fuerte repercusión en los indígenas urbanos, particularmente los habitantes de la ciudad de La Paz y El Alto. Este proceso va a permitir el ascenso, en términos de voto, del MAS. Evo Morales, que venía del sector más contemporáneo del sindicalismo, aprovechó muy bien este momento. Tuvo gran habilidad de fusionarse con la clase media, fundamentalmente mestiza indígena.

 Cuando el proyecto indígena alcanza el poder, planteó cambios fundamentales como la creación de un estado pluricultural. ¿Cómo explicaría este proceso?

 Es un proceso totalmente particular. Entre la visión occidental e indígena existen diferentes concepciones sociales del mundo. Y se ha tomado conciencia de que no pueden ser aplicadas en su totalidad, porque eso sería aislarse y no participar de una vida nacional. Este proceso reconoce que puede haber convivencia, intercambio entre ambas visiones. En ese sentido es un proyecto interesante, y se inició un trabajo fuerte en políticas de descolonización, proponiendo un estado pluricultural que garantice la igualdad de oportunidades y elimine una estructura social donde los blancos gozan de mayores posibilidades. También se inicia un proceso de descolonización en el ámbito de las instituciones, dando espacio a formas del sistema comunitario indígena. Por ejemplo, el movimiento indígena planteó que los cargos sean elegidos a través de sus prácticas, bajo la rotación de turnos.

 Estos cambios son muy importantes.

 Esa es la propuesta más grande, muy difícil de aceptar. La plurinacionalidad es reconocer las distintas prácticas instituciones, y no solamente su cultura. El cambio económico es también difícil, dado que contempla las diversas formas de producción. Por ejemplo, la nueva Constitución reconoce la forma de propiedad estatal, pero también contempla la lógica de la empresa privada y de la economía comunitaria. Otra vez, esta última ya no entendida solamente en un ámbito rural, sino en la implementación de industrias comunitarias. Por otro lado, en términos de justicia, se dará lugar a la justicia comunitaria, según la cual los delitos son castigados por la propia población, en su estructura de juntas de vecinos. Actualmente, en El Alto, los barrios y las juntas de vecinos tienen un secretario de justicia, encargado de castigar los delitos y cuya decisión es inapelable.

 Un punto muy difícil del actual proyecto fue la reforma agraria. ¿Qué diferencias tiene la actual propuesta con las reformas que se dieron a lo largo de la historia en Latinoamérica?

 Ahora cambia la concepción de la propiedad. La tierra se entrega a la colectividad, en donde los individuos trabajan una porción. Una persona puede ser poseedora, incluso de forma hereditaria, pero no lo es en términos de propiedad. La colectividad es la que decide el uso de ese recurso, por eso es Territorio. Las personas no pueden disponer de su venta. Ahí esta el concepto de la territorialidad de la comunidad. Esta práctica no es un invento de ahora, sino que es una práctica ancestral que aún pervive. Es interesante notar que ninguna de las sociedades indígenas, empezando desde el centro del Caribe hacia todos los pueblos originarios de toda América, conocían la propiedad privada. Siempre tenían un manejo colectivo. Tampoco han entrado en la lógica de explotación del hombre por el hombre. Es decir, de aprovecharse del trabajador. Podemos sacar la lección que la no propiedad y el trabajo no enajenado, son suficientes elementos para que sean antagónicos a la lógica del capitalismo.

Por Fernando Ledo Casablancas, Periódico Renacer



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