06/11/2018

Ferias conurbanas

Formando parte del paisaje conurbano bonaerense, se abren espacio las ferias autogestivas. Ferias donde encontrás “de todo” a precios populares. Pero detrás de cada puesto, se tejen miles de historias de supervivencia. Mientras en el Congreso de la Nación aprueban un presupuesto de hambre para el año 2019, lo que para muchos sectores puede significar un desbarajuste en las variables económicos, para otros las crisis se traducen en más hambre y represión. A pocos kilómetros de la Capital Federal, en la estación Ardigó miles de personas sobreviven a la crisis, y el abandono del Estado. Por ANRed / Imágenes: Germán Romeo Pena.


Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Eduardo Galeano (Los Nadies)

Para las personas pobres, el autoritarismo de Estado nunca desapareció. Para la gente que está en los márgenes de la sociedad, que no participa de los beneficios de la “inclusión estatal”, la tortura nunca disminuyó en los estados racistas y coloniales. Pero en los momentos de crisis económica política y social, se agudiza la situación a tal punto de poner en jaque la propia supervivencia.

A pocos kilómetros de la Capital Federal, se abren espacio las ferias autogestivas. Como en la localidad bonaerese de Ardigó, pegadita a las vías del ferrocarril, donde miles de personas ponen sus puestos para vender desde comida, ropa, antigüedades, hasta objetos conseguidos a través del “cirujeo”.

Desempleados, con oficios o sin ellos, se la rebuscan para dar una solución colectiva a la crisis. En la feria se trabaja muchas horas, desde la mañana temprano hasta la tarde durante todos los días de la semana.

“Hace 5 años que venimos a la feria, pero cada vez está mas duro. Empeoró la situación, no sé a dónde vamos a llegar con éste gobierno. Yo, a donde voy a cirujear es en Caballito, donde vive la clase media y encuentro sólo comida. Hace cuatro años atrás podías encontrar unas zapatillas. Una vez encontré un bazar carísimo. ¡Pero ahora, nada!”, comenta un feriante, que luego de haber sido despedido de su trabajo en un comercio mayorista sobrevive en la feria vendiendo objetos recolectados de la basura.

Caminando por la feria encontramos el puesto de una jubilada ex costurera. No quiso ser fotografiada, pero amablemente dialogó con nosotros. Contó su situación, y angustiada relató su cansancio de “pelear” para comer: “Yo me rebusco con la feria, vendí de todo. Desde hace 8 años vendo cosas de mercería, porque no me queda otra alternativa. Estamos cada vez peor. Con Cristina estábamos mal, y mirá que yo soy peronista por mi mamá y mi abuela, pero ahora directamente no se puede vivir. A mi no me alcanza, tengo que hacer una dieta especial por mi salud y es imposible. Hoy no sé como voy a hacer para comprar la comida. La voy a seguir peleando, pero con este hombre (Macri) no se puede, y eso que soy bostera de alma. Demasiado estamos sufriendo por una persona que no vale nada. Piensa que tenemos que comer las migajas que nos dejan. ¡No es así!. Cuando esto reviente, va a salir todo mal y van a pagar inocentes. Él esta cagado en guita y nosotros cagados de hambre. ¡Ando mal! ¿Sabés hace cuanto que no como carne?

Néstor se la rebusca alquilando las mesas que él mismo confecciona con tablas sueltas. De acuerdo a lo que recaude con el alquiler de las mesas, también pone un puesto en la feria. “Cada vez esta peor la situación. Acá nos damos una mano. Hay gente que la está pasando muy mal. A veces compartimos los almuerzos, cada uno pone lo que puede, y armamos un fuego y tiramos lo que hay. Al menos es una comida. Ya no se aguanta más, queremos que se vaya en helicóptero (Macri)”, sostiene.

Las ferias son una alternativa de supervivencia frente a la desidia y el abandono del Estado, una forma comunitaria de sobrevivir allí donde se sigue aplicando la tortura constantemente, con el hambre. Así luchan por sobrevivir los nadies, los jodidos, a quienes los gobiernos les quitan hasta los sueños.



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