28/10/2018

Ajuste y recesión para el 2019 entre el FMI, Macri y la oposición cómplice

Foto: Hugo Cabot

La iniciativa política del gobierno se jugó a la media sanción en Diputados del proyecto de Ley sobre el Presupuesto 2019 y lo logró un día antes que el Directorio del FMI considerara la ampliación del préstamo a la Argentina por 56.300 millones de dólares. Por Julio Gambina.


Son fondos que se desembolsarán en su mayoría antes de finalizar el mandato de Macri. Ya se desembolsaron 15.000 millones en Junio del 2018, y restan hasta diciembre del 2019 casi 35.000 millones de dólares.

De este modo, vale concluir que el poder mundial, con las mediaciones locales, financia con casi 50.000 millones al Gobierno del PRO-Cambiemos en su tramo final.

El objetivo de ese sostén apunta a profundizar la regresiva transformación del capitalismo local, algo que viene sucediendo en etapas desde 1975/6.

Los sectores hegemónicos del sistema mundial demandan adecuación de las relaciones económicas en la Argentina, con base en la disminución en divisas (dólares) del costo salarial o laboral.

Por eso el ajuste en el ingreso popular y en el gasto público social. Se trata de liberar al capital en sus pagos a la fuerza de trabajo y las contribuciones al sostenimiento del Estado.

Ahora se proponen transformar el proyecto en Ley con la aprobación en el Senado durante noviembre, justo antes de que sesione el G20 en Buenos Aires.

Se pretende mostrar a los principales jefes de Estado del orden mundial que el Gobierno local tiene capacidad de resolver los mecanismos legales del ajuste. Un ajuste demandado para hacer funcionar el capitalismo local según establecen los sectores dominantes.

¿Quién y cómo se puede cumplir con el cometido de la dominación?

El mecanismo privilegiado es la violencia asociada a la manipulación de la conciencia social.

Por eso el primer acto de la transformación contemporánea ocurre con las fuerzas parapoliciales y paramilitares antes del golpe del 76; la propia dictadura genocida entre 1976 y 1983; y el dominio político ideológico suscitado desde el liderazgo del peronismo (menemismo) y el radicalismo (Alianza) en los 90.

Ahora se pretende un “nuevo liderazgo de la sociedad”, más allá del peronismo y el radicalismo, superando la experiencia de las dictaduras.

Es el intento del macrismo, que aún en alianza electoral poco comparte las decisiones ejecutivas con los socios radicales y peronistas. Aun así, desde la minoría parlamentaria del PRO-Cambiemos, son sus cómplices parlamentarios los que aseguran quórum y sanción de la legislación correspondiente para avanzar en los propósitos de la regresiva reestructuración de la economía, el estado y la sociedad.

De ese modo, el gobierno maniobra para evidenciar ante el poder mundial su capacidad de gestión más allá del descontento y la protesta social. Por las dudas, asegura provocaciones que desarmen la masiva protesta y distraigan el análisis de la movilización social.

Al mismo tiempo despliega la represión, la que se presenta justificada ante la violencia callejera. Un tema que está asociado a la discusión sobre la violencia, entre ajustes que impactan en deterioros explícitos de las condiciones de vida de la población de menores ingresos. ¿Por qué es violencia la ejercida desde la protesta y no la evidente reducción de los ingresos de trabajadores y trabajadoras?

Sostenemos que el gobierno avanza con su proyecto aun no logrando su cometido de renovación en las elecciones del 2019, por lo que surgen especulaciones de planes alternativos con candidatos del PRO o la coalición Cambiemos; pero también, con opciones por fuera de la alianza en el gobierno con los mismos propósitos o rumbo.

Baste solo considerar al respecto las apelaciones a la oposición racional, la que acompaña de manera cómplice en el poder legislativo.

¿Menos mal que está el financiamiento del FMI?

Es el interrogante a desbaratar. El auxilio del FMI deviene de la política oficial por casi tres años y que se proyecta en los datos provistos por el presupuesto 2019. Si se consideran los 4 años de la gestión Macri, el tercero en curso y el cuarto anticipado en el presupuesto, lo que quedará son tres años de recesión (2016, 2018 y 2019), con solo el 2017 de mínima recuperación.

La mirada del periodo indica crecimiento de la pobreza y la desigualdad; con mayor dependencia de la dominación del capital externo bajo un modelo de primarización de la producción y las exportaciones (soja e hidrocarburos), exacerbado en los próximos años.

El inicio de la gestión fue con nuevo endeudamiento para cancelar la demanda de los fondos buitres, que no se logró del todo, pero retomó la senda de la hipoteca de los recursos públicos.

Se continuó con mayor deuda ante la ausencia de inversores externos o locales y ante la gravedad del endeudamiento interno en letras se acudió al salvataje de EEUU, amistad y sociedad mediante entre Macri y Trump.

Claro que el financiamiento se asocia al deliberado desfinanciamiento del Estado, vía eliminación y disminución de las retenciones y subsidios a los servicios públicos privatizados.

Primero se vació al Estado de recursos y luego se argumenta la necesidad de acudir al FMI. No era el único camino, claro que para transitar otro rumbo se requiere la capacidad y el poder de transitar otro sendero para destinos alternativos.

El resultado de la estrategia es el crecimiento del stock de deuda y cuantiosos intereses, los que sí o sí se cancelarán y luego, con el resto de los recursos fiscales se atenderán las pautas presupuestadas, que incluso pueden bajar más de lo previsto en el Presupuesto aprobado por los Diputados.

Cuando se remite al déficit fiscal primario cero se omite el déficit financiero motivado por el enorme endeudamiento externo.

Un dato adicional es que si bien en el presupuesto se indica que le próximo año el crecimiento será negativo, del orden del -0,5%. En las cartas cursadas por el Gobierno Macri y suscriptas por el Ministro de Economía y el Presidente del BCRA se sostiene que la baja para el 2019 oscilará entre -0,5% y -2%.

Son datos más acorde con los pronósticos del FMI (-1,7%) o la CEPAL (-1,8%), lo que augura un futuro cercano de suspensiones, cesantías de personal y cierres de empresas.

El marco regional

Todo lo dicho se agrava con el resultado electoral del Brasil de hoy, gane quien gane.

Si es Jair Bolsonaro, lo previsible es el trabajo conjunto de dos gobiernos de países vecinos con una agenda de derecha, más allá de contradicciones y especificidades locales. Si es Haddad el triunfador, la debilidad de su fuerza política y los millones de votantes por la opción del inefable ganador de la primera vuelta, hará ingobernable o muy condicionado un gobierno del PT.

La región sudamericana muestra una agenda desde los gobiernos que limita la defensa de los derechos sociales amenazados por la brutal ofensiva del capital.



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