10/09/2018

Silvia Rivera Cusicanqui: “reinscribir la palabra en el flujo de la acción, retejer las tramas colectivas que nos permitan pensar en comunidad”

El viernes por la tarde, Silvia Rivera Cusicanqui presentó su último libro “Un mundo ch’ixi es posible” de la Editorial Tinta Limón, en la Facultad de Agronomía de la UBA. Frente a un auditorio colmado de personas, la sochóloga (mezcla de socióloga y chola, como le gusta hacerse llamar) entabló un diálogo sereno y reflexivo, un llamado a reivindicar los lazos comunitarios frente a la crisis civilizatoria que nos azota “reinscribir la palabra en el flujo de la acción, retejer las tramas colectivas que nos permitan pensar en comunidad. Armar comunidades de afinidad de parentesco de vecindad o de música, de creatividad son las formas que yo encuentro para restituir la ética de la palabra, el mandato de conocimiento que está acompañado con esa dotación que nos hace privilegiados y que hemos despilfarrado colectivamente, que está inscripto en una estructura patriarcal y colonial que ha durado muchísmos siglos y que hoy día está empezando a reventar”. Por ANRed.


A Silvia Rivera Cusicanqui alguna vez le dijeron despectivamente “sochóloga”: mezcla de socióloga y chola. Ella hizo del ataque su bandera. Además es historiadora y ensayista. Fue docente de la Universidad Mayor de San Andrés. Dio cursos en universidades de México, Brasil, España, Estados Unidos y Argentina. Fue directora y co-fundadora del Taller de Historia Oral Andina (THOA). Tiene una extensa trayectoria militante y hoy integra la Colectiva Chi´xi.

El viernes por la tarde presentó su último libro en la Facultad de Agronomía de Buenos Aires. “Un mundo ch’ixi es posible”, editado por Tinta Limón, se estructura en cuatro capítulos: Reflexiones sobre la naturaleza de la crisis del presente; Memoria, mercado y colonialismo; Oralidad, mirada y memorias del cuerpo en los Andes y Micropolítica andina: formas elementales de insurgencia cotidiana.

Frente a un auditorio colmado de personas que ocuparon cada espacio del salón, para no perderse el diálogo con Silvia, quien sorprendida por la cantidad de personas, comenzó contando como llegó a tejer sus ideas en este nuevo libro.

“La crisis nos mete en una sombra de penumbra. Una penumbra congnitiva, como una nebulosa de la cual no podemos hacer claridad y quizás el acostumbrarnos a esa penumbra nos lleva a aprender a mirar otras cosas detras de las sombras, detras de los escobozos de configuraciones que se nos presentan delante, entonces es la insistencia de hundirnos en nuestra condición, en nuestra situación y no evadirnos, no escapar, no dar vuelta la cabeza ante lo que vivimos, lo que a mi me lleva a trabajar permanentemente con ideas en borrador, con fragmentos, con trabajos de escucha mas que de emisión de palabras o de resultado de lecturas. Entonces he pasado de una situación de cierta confianza en mi propia escritura a un momento de duda. He tratado de productivizar esa duda. En el fondo cuando estamos tranquilos nos olvidamos de hacer preguntas”

Ch’ixi es mezcla abigarrada, mestizaje descolonizado, un color producto de la yuxtaposición, del contraste, de la unión de lo opuesto. Es y no es a la vez. Un encuentro donde las partes no pierden la forma ni sus potencias. Encuentro sin fusión. Una clave para la descolonización del gesto. A través de esta palabra-talismán es que el pensamiento puede atravesar conceptos anarquistas, cosmologías quechuas o aymaras o retomar el marxismo sin solemnidades, sumergiéndose en la magia de la realidad viva.

“Es ese encuentro con ideas de otros, en resonancia lo que revela que el conocimiento es un hecho colectivo y un fenómeno también de circulación de energías cognitivas. Es solamente cuando las ponemos en debate, las ponemos en duda, cuando las enfrentamos con la posibilidad de ser desdichas, de ser refutadas, que podemos afilar las herramientas de pensamiento para construir otro tipo de relación con la realidad. Y la realidad que vivimos ahora es dramáticamente crítica, y la noción de crítica esta asociada a la noción de crisis y me parece que esa es una suceción muy fructífera, porque es justamente de la crisis que podemos darnos cuenta de la falsedad de ciertas construcciones discrusivas que nos invaden con su aire de soberbia y seguridad, emitidas además en muchos espacios desde el poder y desde la masculinidad. Yo pienso que esa seguridad que le da al estado y a la ley ese poder no solo de seducción sino de coerción es lo que nos ha hecho callar, silenciar. Estos procesos de silenciamiento tienen una larguísima historia comenzando por la negativa a escuchar las voces dichas en otros idiomas, lo que nos ha permitido construir una historia muy frágil con evidencias muy fragmentarias de lo que fue por ejemplo la sociedad precolonial, tenemos la obligación de problematizarla” reflexionó.

Agregó “es imprescindible poner a jugar todos nuestros recursos poéticos de la poiesis de la realidad que conocemos, porque sin ellos nos quedaríamos en el dato bruto, en el fragmento que no permite armar el conjunto de lo real en un todo coherente. Entonces es a partir de los fragmentos que tenemos que reconstuir la posibilidad de habitar un mundo menos destructor y que pueda recuperar el mandato cósmico de la especie. La especie humana fue dotada de la palabra . La palabra ha sido destruida en su potencial cognitivo, en su potencial para nombrar las cosas o incluso para callar cuando esta frente a lo innombrable. Entonces el cuidado con la palabra que ha sido parte de un ética de la comunicación. Esto es muy fuerte en las sociedades indígenas. La palabra ritual tiene un peso tan grande que no es posible proferir cualquier palabra en cualquier circunstancia. Entonces notamos que con esas herencias podemos reconstruir el sentido de la comunicación a través de las palabras, pero tambien a través de los silencios y por eso en este libro he trabajado a través casi de viñetas, de pequeños fragmentos de la realidad, fragmentos de la experiencia, fragmentos de reflexiones y pensamientos que me han remontado a lugares muy distintos en el tiempo y el espacio, aunque siempre situados en mi habitar que esta circunscripto a una geografía muy específica que tiene como base la conciencia de estar en un lago sagrado que es un ombligo del planeta, un ojo de agua, uno de los pocos que conectan las profundidades del Manqha Pacha con el mundo celeste de los astros y creo que vivir en el altiplano nos ha ayudado a entender que el cosmos es una totalidad concreta y no una visión abstraída de su nexo con lo material”.

Frente a la crisis civilizatoria que nos azota, Cusicanqui nos ayuda a pensar en abrir un camino para que las rabias generen sentimientos de amor, un llamado a reivindicar los lazos comunitarios:

“reinscribir la palabra en el flujo de la acción, retejer las tramas colectivas que nos permitan pensar en comunidad. Armar comunidades de afinidad de parentesco de vencidad o de música, de creatividad, son las formas que yo encuentro para restituir la ética de la palabra, el mandato de conocimiento que esta acompañado con esa dotación que nos hace privilegiados y que hemos despilfarrado colectivamente, que esta inscripto en una estructura patriarcal y colonial que ha durado muchísmos siglos y que hoy día esta empezando a reventar. Pienso que frente a esa erosión hay una explosión de emotividades de afectos de cuidados, que se revelan muy claramente en el movimiento de mujeres aquí en la Argentina, en los movimientos ambientalistas en todo el continente, en la gente joven que ya no se compra los espejitos del consumo y que busca significados a su vida social, que busca articular comunidades interpretativas, comunidades de sentido que nos permitan hacer de este malestar un proceso creativo y constructivo para retejer las resistencias en este momento de crisis tan brutal. También hay en el libro un llamado a cerrar brechas, a conectar utopías, a conectar los horizontes utópicos del pasado de nuestros abuelos. Para la mi la conexión esta muy clara en todas las movilizaciones de los gremios anarquistas de los primeros años del siglo veinte, en el caso boliviano y que nos muestran además un anarquismo cholo lleno de energía cultural y que hoy día se puede ver a una serie de grupos, en una serie de trabajos en los cuales el derecho a la protesta y a la lucha no oscurece el derecho a la felicidad y la celebración de que somos y hemos sobrevivido y estamos aquí”.

Registro de audio completo de la presentación de Silvia Rivera Cusicanqui

 

Editorial

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