02/09/2018

Dos tendencias en pugna en la Argentina

La coyuntura se define en dos gruesas tendencias que disputan el consenso de la sociedad. Por un lado, la movilización popular por “derechos” y, por otro, la aplicación de un ajuste sin anestesia. Por Julio Gambina.


Una es la movilización popular por “derechos”, claramente expresado por la masiva movilización universitaria del pasado 30/8, pero también por la convocatoria de la CGT a paro nacional para el 25/9 y de las 2 CTAs y gremios de la CGT por 36 horas con movilización para el 24 y 25/9. Claro que en este sentido se incorpora la lucha por el derecho al aborto seguro y gratuito que protagonizó hace muy poco la marea verde.

Otra tendencia es la aplicación de un ajuste sin anestesia, explicitado el mismo jueves 30/8 con una cotización del dólar a 40 pesos y una tasa de interés de referencia del 60%, establecida por el BCRA. Sea presión del eufemístico mercado o decisión del gobierno Macri, esas medidas tienen beneficiarios concretos: grandes productores y exportadores y obvio, una gama muy diversa de especuladores locales y globales. El gobierno dice que atraviesa una tormenta y que hace lo mejor que puede, cuando el costo de estas medidas afectan a la mayoría de la sociedad, vía inflación o recesión.

¿Dónde está el consenso de la sociedad?

Macri, el PRO y Cambiemos construyeron consenso electoral en el 2015 y 2017; ahora disputan el 2019. Pareciera que no les resultará tan simple por el impacto de los efectos sociales que genera la situación económica, por lo que es cada vez más difícil a Macri y su equipo transitar lugares públicos sin recibir protestas de distinto calibre.

Ante la duda de repetir en el 2019 hay varios que se anotan para la sucesión, sin modificar el rumbo de la política económica o el modelo productivo y de desarrollo asentado en “vaca muerta más soja”. Todo claramente aceitado por el endeudamiento externo y el aval del poder mundial: FMI + Trump.

Estos proyectos políticos que se imaginan en la sucesión del 2019 quieren que Macri haga todo el trabajo sucio posible del ajuste sin anestesia. Vaya si la devaluación no supone bajar los salarios e ingresos populares cotizados en divisas. El presupuesto en pesos se licua con la nueva cotización de las divisas y genera mejores condiciones para el ingreso de capitales externos y el cumplimiento del acuerdo con el FMI en materia de achique del déficit fiscal primario.

Hay un consenso en el poder que se difunde vía medios de comunicación hasta el cansancio, relativo a que el problema es el déficit fiscal, y por lo tanto el acuerdo es el ajuste. El discurso se repite hasta el cansancio y muchas familias que votan y acuerdan con el gobierno piensan ahora en torno a la factura de gas o electricidad que reciben; o se sorprenden con los recurrentes aumentos de combustibles desde que estos están dolarizados.

El consenso en el poder construye el consenso cultural e ideológico en toda la sociedad, mediante los medios masivos de comunicación, siendo reiterado escuchar el interrogante: “¿si no aumentan los servicios públicos o el combustible, quién se hace cargo?”. Inmediatamente acompañado de: “No el Estado”. Por ende, el mensaje es que no queda otra que privatizar el costo en toda la sociedad y concentrar las ganancias en muy pocos.

Se trata de una construcción ideológica con varios problemas, desde el papel del Estado, sí o no relativo a que actividades o iniciativas, pero también respecto a: ¿energía para qué y para quién?, lo que implica discutir el costo local de la extracción de hidrocarburos y de la cadena de valor hasta llegar al consumo.

Por eso destaca la movilización universitaria o la marea verde, en tanto acciones diferentes, pero que disputan consenso social. Construyen cultura y son transversales a la política y la ideología hegemónica.

Es importante porque el conflicto de no inicio de las clases el 6 de agosto surgió como demanda de actualización salarial de los docentes y se proyectó como un debate relativo al presupuesto, a la ejecución presupuestaria y en definitiva al derecho a la Universidad pública.

La sociedad en su conjunto estuvo discutiendo en estas horas el sentido y necesidad de la Universidad Pública, claro que así como muchos se movilizan, otros mantienen la esencia del discurso hegemónico, que hace décadas batalla por el recorte de la Universidad Pública y la mercantilización de la educación en general.

Es un debate social y por eso, la tensión social se procesa en toda la sociedad, en el consenso al discurso de la inevitabilidad del ajuste u otro relativo a la defensa de derechos: al aborto seguro o a la educación pública, entre muchos, con el centro en los ingresos populares que satisfagan una canasta necesaria de bienes y servicios, hoy por encima de los 21.000 pesos mensuales.

Apoya Trump, EEUU y el FMI

No hay que subestimar los apoyos políticos foráneos. Hay gestión en estas horas desde el gobierno con el FMI para que los desembolsos del 2020 se anticipen al 2019, año electoral por cierto.

El hecho es que Argentina no tiene quién le preste y acude al prestamista de última instancia: el FMI, a una tasa menor de la que sugiere el acrecido riesgo país de la Argentina.

No es correcto el interrogante sobre impericia de gestión del gobierno, ya que más allá de ciertas cuestiones que le discute la propia derecha a Macri, lo que importa es la realidad de un ajuste que se ejecuta como si no hubiera alternativa.

¿Cuál es la respuesta esperable del FMI? Claramente de apoyo, mucho más con el respaldo de EEUU al gobierno Macri. En estas horas, Donald Trump ratificó su presencia para la Cumbre de Presidentes del G20 del 30/11 y 1/12 en Buenos Aires. Debe verse como un respaldo a un amigo que contribuye al cambio de la agenda latinoamericana.

En ese sentido, el cambio político del 2015 en Argentina favoreció la iniciativa política por el desarme de una estrategia alternativa de integración, caso de Unasur o la CELAC; el retiro de Ecuador del ALBA-TCP y las agresivas campañas contra gobiernos que no son funcionales a la estrategia sustantiva de EEUU.

Son apoyos que juegan en la lógica política y son parte del debate del poder local. Por ejemplo, con la devaluación mejoran los ingresos del sector gran exportador, por lo que se reabre una discusión entre ellos sobre la vuelta o no de las retenciones a las exportaciones.

Con un dólar a 40 el jueves, a 38 el viernes, o a lo que sea desde el lunes próximo, el ingreso por facturación de exportadores es gigantesco, por lo que algunos en el poder señalan que algo tienen que poner para no perder la totalidad, es decir, la primera experiencia constitucional de un gobierno de derecha, no radical ni peronista, que podría habilitar un nuevo tiempo político en la Argentina, más funcional con lo que ocurre en el mundo con empresarios en la gestión presidencial.

El apoyo político y financiero de Trump, EEUU y el FMI se disputa en la cotidianeidad, por eso es que la tensión es entre un rumbo u otro del consenso social.

¿Qué quiere la sociedad?

Es difícil de responder el interrogante, y en todo caso es una cuestión cultural relativa a qué país pretende cada quien, con qué modelo productivo y de desarrollo, para satisfacer qué necesidades; derivadas del objetivo de la ganancia o de la ampliación de derechos.

Se trata de un debate necesario que a veces escamotea la urgencia de la cotidianeidad, pero que resulta inevitable para quienes pretenden instalar un proyecto político más allá de la gestión del capitalismo.



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