29/08/2018

“No es posible iniciar la liberación del capitalismo y de la lucha por la construcción del socialismo en países aislados”

A 78 años del asesinato de León Trotsky, Mario Hernández entrevistó a Guillermo Almeyra, quien reflexiona acerca de la teoría de la revolución permanente. Asimismo, realiza un breve balance de los 12 años de Evo Morales al frente del gobierno en Bolivia.


M.H.: Quiero preguntarle sobre lo que considero uno de los grandes aportes de León Trotsky que es la teoría de la revolución permanente. Un tema del que mucho se habla y poco se entiende.

G.A.: Esencialmente es esto, lo que hizo la Revolución Francesa, lo que hizo la burguesía, es decir, acabar con la monarquía, entregar la tierra a los campesinos, hacer una reforma agraria, unificar el país, son objetivos democráticos que todavía no se han cumplido, ni siquiera en Francia. Eso no será posible con el capitalismo que cada vez concentra más la riqueza, el poder y lo defiende cada vez más disminuyendo todas las conquistas democráticas y las fuentes de ingreso.

Esas conquistas democráticas no se pueden conseguir solamente con un gobierno burgués sino que hay que ir más allá, hay que tomar medidas mucho más de fondo y socializar la economía, no estatizarla, sino socializarla, comenzar a planificarla, modificar los consumos y el tipo de producción, elevar el nivel de vida de la gente y en esas luchas, por objetivos todavía capitalistas, por mejorar el nivel de vida y los derechos democráticos, hay que barrer al capital que es el que impide que se realicen esos objetivos.

Entonces, se confunden en una sola lucha, los objetivos meramente democráticos, antiimperialistas, nacionales, con los objetivos anticapitalistas de limitación de la explotación, porque no puede haber democracia mientras haya un régimen de explotación. En consecuencia, hay un proceso permanente entre la revolución democrática y la revolución socialista que es la única que puede cumplir con los objetivos democráticos porque no puede haber socialismo sin democracia.

Al mismo tiempo como el capitalismo es un sistema internacional, no nacional, no es posible iniciar la liberación del capitalismo y de la lucha por la construcción del socialismo en países aislados, porque el capitalismo por los lazos internacionales, por el comercio, por la modificación de los precios es un sistema internacional, por consiguiente, el ejemplo del pequeño o gran país ya no capitalista, debe ser la base para extender el proceso, como pasó con la Revolución francesa que tuvo que voltear a otras monarquías para poder sobrevivir.

Esa es en lo esencial la teoría de la revolución permanente que ya estaba en Marx pero que Trotsky desarrolló.

Sobre revoluciones políticas abortadas

M.H.: Se está cumpliendo un nuevo aniversario de la primavera de Praga, y muchas veces León Trotsky, sobre todo en los ´30 desarrolló su teoría de la necesidad de una revolución política en el Estado obrero ruso. ¿Podríamos pensar que la primavera de Praga fue ese intento de revolución política a lo largo de 1968?

G.A.: Sí. También en Hungría se había producido lo mismo en 1956 con la democratización del Partido Comunista expulsando a todos los burócratas, con la democracia, la creación de consejos obreros, la elección directa por la gente de sus representantes.

En Praga en 1968 fue interrumpida como en Hungría en 1956. En 1968 las tropas del estalinismo hicieron todo lo posible para impedir que el Partido Comunista checo, que por mayoría había elegido una dirección más democrática, renovase la vida interna de Checoslovaquia.

Se puede decir que fue una revolución política abortada, como también lo fue en Hungría y como lo fueron en parte las movilizaciones en Polonia posteriores en los ´70 y la creación de consejos obreros.

M.H.: Esa situación que se vivió en Checoslovaquia tuvo su refracción también en América Latina y particularmente en México, país en el que usted residió durante muchos años, y que fue brutalmente reprimida en la conocida masacre de Tlatelolco.

G.A.: Hubo miles de muertos, nunca se supo exactamente cuántos. Es que la sublevación juvenil de 1968 en México tenía un fondo socialista, era una revolución contra un gobierno burgués reformista que incluso se decía revolucionario y, por consiguiente, tenía un sentido de superación, tenía un objetivo socialista no claramente expresado porque no llegaron a eso, pero fue aplastada brutalmente apenas empezó.

“El gobierno de Evo es producto de las luchas contra la privatización del agua y el gas”

M.H.: Se han cumplido 12 años del gobierno de Evo Morales ¿Qué reflexión podría hacer al respecto?

G.A.: Yo creo que Evo Morales fue llevado al gobierno por las luchas contra la privatización del agua y el gas, luchas populares como la de Cochabamba, no por las elecciones, fueron las luchas las que impusieron la elección e incluso su elección, porque no fue él quien dirigió ese proceso, pero sí lo canalizó.

Eso impuso también una Constituyente que estableció la autonomía y la autogestión en algunos aspectos de las comunidades indígenas y de ciertas regiones. El gobierno de Evo Morales es producto de ese movimiento y se apoya en él, pero lo institucionalizó, lo canalizó, lo paró, lo burocratizó con el MAS y lo centralizó hacia el Estado porque García Linera lo que desea en particular es formar un capitalismo moderno en Bolivia. El capitalismo andino, centralista, sin autonomías y sin todo lo que figura en la Constitución.

Es evidente que Bolivia ha mejorado mucho su nivel de vida, de producción, su PBI y su economía, su cultura también, ha disminuido muchísimo el analfabetismo. Son datos muy positivos de la revolución popular que llevó a Evo al gobierno. No tanto del gobierno, como creen García Linera y él, sino sobre todo de ese proceso.

En la medida que quieran oponerse a ese proceso, contenerlo e institucionalizarlo, lo van a castrar, van a tener mucha menos base de apoyo y les va a pasar desgraciadamente como a Lula o a Correa que terminó siendo destrozado.

Por este momento es positivo, yo no estoy de acuerdo con que Evo sea irreemplazable, creo que podría ser dirigente del movimiento político sin ser elegido nuevamente Presidente. No estoy de acuerdo con las reelecciones permanentes y continuas. Ellos sí y con eso dañan el proceso. Lo que hay que hacer es avanzar hacia el pueblo y verlo como protagonista, no verlo como seguidor.

 



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