09/08/2018

Tras las huellas de una mente siniestra

Todos los Viernes de este mes a las 21 hrs se presenta “Henri, el barbazul de Gambais” en el teatro la comedia (Rodríguez Peña 1062). Una obra donde en forma de crónica de época se sigue los pasos del homicida Henri Landrù en una Francia asolada por la miseria de postguerra. Por Hernán Bayón para ANRed.

Quizás los hechos en si mismos no hablen con certeza de una vida, y en todo acto se oculte un profundo misterio, una causa esencial que ninguna ciencia puede ni podrá llegar del todo a develar. De ese fracaso, entonces, se alimenta la literatura, la narración artística que busca a través de la ficción construir un nuevo sentido, una verdad estética que intente desde la emoción lograr una comprensión espiritual de lo vivido. Lejos de la literatura, el acto de matar no solo convierte a alguien en un asesino, sino también lo transforma y lo lleva a habitar un nuevo espacio de consideración social. En el caso de un asesino serial y màs aun, de un femicida, las preguntas por fuera de la condena judicial lo transforman en un mito condensado a partes iguales por la intriga y el horror. Este es el caso de “Henri, el barbazul de Gambais”  una obra que bajo el pulso de la crónica policial, novela de suspenso y una poética simbolista, retoma el caso verídico del femicida Henri landru, para bucear en los hechos y traer el perfil de un hombre que nunca amo a las mujeres. A partir de un relato que entrecruza dos tiempos narrativos (el juicio a landru y el devenir de sus asesinatos antes de ser detenido) la historia nos sitúa en la Francia de postguerra de los años veinte. Casado con su prima hermana Marie Ren, Landrù siempre fue un estafador, pero su serie de homicidios comenzó cuando la miseria económica comenzó a alejar sus sueños de grandeza. Su método para enriquecerse consistía en buscar y seducir viudas prometiéndoles matrimonio para después llevarlas a una residencia en las afueras de París donde las asesinaba para poder apoderarse del dinero; luego a los cuerpos los quemaba en un horno. Cercano a su reguero de muerte, siguiendo la ruta de mujeres desaparecidas, un investigador sigue sus pasos  dispuesto a todo con tal de atraparlo. Acosado por la policía y la locura que ejerce el peso de la culpa Landrù cada vez se vuelve preso de una oscuridad de la que no puede escapar. Su espíritu es una sombra que la codicia alimentó a base de engaños y muerte. Bien mirado, el final de sus días tiene un significado claro e inapelable: su destino lo encierra y acerca a un círculo que comenzó impregnado de sangre. La obra , con muy buenas actuaciones y gran cuidado en el vestuario, la escenografía y la puesta en escena,  consigue enganchar al espectador e inquietarlo al acercarlo a las obsesiones y las manipulaciones de este asesino que encarno un símbolo de la perversidad de su tiempo, de una mente violenta y perdida para siempre en una dimensión oculta al resto de los mortales.

         



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